Piran, una de las joyas del Adriático – Qué hacer en Piran en un día

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¡Hola, viajer@s!

Hoy vamos a seguir hablando de nuestro roadtrip por Eslovenia y, en esta ocasión, os voy a relatar nuestra experiencia en la pintoresca y hermosa Piran, y os voy a contar qué se puede hacer en Piran en un día, que es el tiempo que tuvimos nosotros para disfrutar de esta belleza de ciudad.

 

¿No conocéis Piran?

Con sus apenas 4000 habitantes, Piran es la localidad predilecta de todos en la costa eslovena. Es imposible no enamorarse de su casco antiguo, que se erige en la punta de una estrecha península, y que está considerado una joya de la arquitectura gótica veneciana. Es una ciudad de cuento, sin duda; pero de cuento con sabor mediterráneo.

La ciudad mantiene gran parte de su arquitectura medieval, con sus callejuelas estrechas y su casitas compactas, y desprende un encanto que es imposible pasar por alto: es uno de esos sitios que enamoran a primera vista, uno de esos sitios en los que piensas, mientras sonríes: “¡Pero qué bonito, por favor!”, uno de esos sitios que te llegan al alma.

Y eso que fuimos en pleno agosto y, como os podéis imaginar, es un sitio muy, pero que muy turístico. Pero da igual. Como ya comenté en los posts de Bled y de Liubliana, en Eslovenia hay turismo, sí; bastante, de hecho. Pero, por suerte, no hasta el punto de estar las ciudades saturadas e intratables: para ser agosto, no se estaba nada mal. Vamos, que hay más pelotón de gente en Menorca, sin ir más lejos. Esto es algo que me gustó mucho de Eslovenia en general: la sensación de estar visitando un sitio que todavía no está explotado excesivamente, que es un poco desconocido todavía, que sigue siendo auténtico y natural y encantador porque todavía no lo ha descubierto el turismo masivo. Como ya decía en uno de los posts anteriores, espero que siga así de bonito y de “poco descubierto” durante muchos años.

Os cuento una curiosidad: el nombre de Piran deriva del griego pyr (fuego), en referencia a las hogueras del antiguo faro que se levantó en la costa de la ciudad que, como digo, está situada en la punta de una estrecha península, para guiar a los barcos al puerto de la actual ciudad eslovena de Koper.

Y ahí va otro dato histórico: antes he mencionado la arquitectura gótica veneciana, y puede que os haya llamado la atención, porque… ¿Venecia no está en Italia? Pues es que, si miráis el mapa, Venecia en realidad queda muy cerca de Piran, ya que ambas ciudades son prácticamente fronterizas en sus respectivos países. Es más, Piran formó parte del imperio veneciano del S. XIII al S. XVIII, y también formó parte de Italia desde 1918 hasta 1947. Teniendo todo esto en cuenta, no es de extrañar en absoluto que la ciudad tenga influencias venecianas, ¿verdad?

Atardecer sobre el Adriático

Atardecer sobre el Adriático

 

Temas prácticos

El tema del coche es un tema espinoso en Piran. ¿Cuál es el problema? Pues que la estructura medieval de la ciudad no permite el tráfico de demasiados coches y, al convertirse en un destino turístico popular, tuvieron que ponerse serios y establecer una serie de restricciones.

Básicamente, no se puede entrar con el coche propio en la ciudad. Esa es la realidad. A partir de aquí, hay que hacer ciertas puntualizaciones.

Hay básicamente dos parkings en las afueras de la ciudad donde tendremos que dejar el coche sí o sí. Nosotros utilizamos el parking Fornace, que se encuentra justo antes de llegar a Piran, a mano izquierda. Tranquis, es muy fácil de ver. Allí dejáis el coche y hay un bus lanzadera que os lleva desde el parking al centro de la ciudad, a la Plaza Tartini, y es gratuito. El parking en sí es de pago: 17 euros por día. Si vais cargados con maletas y tal, recomiendo usar el bus lanzadera (y aun así, obviamente, es más coñazo que tener tu propio coche y poder dejarlo en el hotel, pero es lo que hay), pero si vais sin equipaje, solo a pasar el día o lo que sea, también podéis ir caminando a la ciudad: está a un paseo de unos 10 minutos.

Para coger el bus lanzadera, tendréis que bajar al nivel inferior del parking, salir de este y dirigiros a la parada de autobús que hay prácticamente junto al mar.

Otra opción que nosotros no descubrimos hasta que nos fuimos de Piran es que en realidad sí que se puede entrar a la ciudad con tu coche, pero solo durante 15 minutos: el tiempo suficiente para llegar, dejar las maletas o recogerlas y volver a salir de la ciudad. Esto es práctico precisamente para esto, para el tema maletas y, de hecho, en el mismo lugar en el que para el bus, en la Plaza Tartini, hay una pequeña zona donde se puede estacionar el coche de manera temporal para hacer este tipo de maniobras. Así que ya sabéis: esta es otra opción si vais cargados de maletas como nosotros.



 

Qué ver en Piran en un día

Sí, ya lo sé, un día es súper poco. De hecho, nosotros tuvimos incluso menos tiempo, porque llegamos a la ciudad después de comer y, además, como estábamos hechos polvo después de tantos días de tute, encima nos cascamos una siesta. Así que el título del post podría ser perfectamente “Qué hacer en Piran en una miserable tarde”, pero, oye, menos da una piedra, así que vamos allá con todo lo que no hay que perderse de Piran.

 

Plaza Tartini

Empecemos por un lugar que ya hemos mencionado en más de una ocasión en este post: la Plaza Tartini, llamada así en honor al famoso músico y compositor Giuseppe Tartini que, de hecho, nació en Piran.

La Plaza Tartini, con todo su encanto

La Plaza Tartini, con todo su encanto

Se trata de la plaza principal de la ciudad, tiene una forma totalmente irregular, es amplia y está despejada. Está bordeada de edificios elegantes, en muchos de los cuales se puede apreciar ese legado veneciano del que hablábamos al principio del post. Los bajos de estos edificios, cada uno de los cuales está pintado de un color pastel diferente, están ocupados principalmente por comercios enfocados al turismo: cafeterías, restaurantes, hoteles, tiendas de souvenirs, etc. También podemos encontrar aquí la Oficina de Turismo y, por si hace falta, un banco con cajero automático.

Sin embargo, el edificio más famoso de esta plaza es la llamada “casa veneciana”. Se trata de una construcción gótica, anteriormente pintada de color rojo, aunque cuando la visitamos nosotros estaba pintada de un color crema muy discreto. He visto fotos de la casa pintada de rojo y creo que molaba bastante más antes… Este palacete data del S. XV y cuenta con ventanas de tracería y un balcón.

La Casa Veneciana

La Casa Veneciana

Es una plaza bonita y elegante, se encuentra a un paso del mar, del puerto deportivo de la ciudad, y es un buen punto de partida para empezar nuestro breve tour por la ciudad: desde luego, es un lugar que no podéis perderos si vistáis Piran.

La bonita Plaza Tartini

La bonita Plaza Tartini

Catedral y campanario

Desde la Plaza Tartini, habrá que dirigirse hacia la torre de la catedral (la veréis sin problemas desde la plaza); para ello coged la callejuela que sale de detrás de la casa veneciana y empezad a subir la colina en la que se halla la catedral recorriendo la cuestecita y el tramo de escaleras. Es empinadito, sí.

Camino al campanario

Camino al campanario

Al cabo de un minuto o dos llegaréis a la Catedral de San Jorge (Adamiceva ulica, 2), de estilo barroco y construida en el S. XVII. Las puertas suelen estar abiertas y una verja de metal permite ver la decoración del interior. Nosotros no llegamos a entrar en la catedral, pero lo que sí que hicimos fue subir al campanario. Se trata de un campanario exento, es decir, que está separado del cuerpo principal de la catedral. La entrada para subir al campanario, que tiene 46,5 metros de altura, vale 1 euro. Se construyó en 1609 siguiendo el estilo del campanile de la Plaza de San Marcos, en Venecia, y es una atalaya estupenda desde la que tendremos unas vistas de ensueño de toda la ciudad y del Adriático.

Vistas de la costa desde el campanario

Vistas de la costa desde el campanario

Para ello, habrá que subir los 147 escalones que, por cierto, están en bastante mal estado: son de madera y viejos, el espacio es súper estrecho y solo cabe una persona (si hay alguien bajando mientras tú subes, contorsionismo al canto o alguno de los dos da marcha atrás) y está todo bastante destartalado en general, hasta tal punto que llega a dar un poco de mal rollo, pero las vistas que obtendréis al subir lo valen, de verdad. Al atardecer, en concreto, tiene que ser algo espectacular, aunque nosotros, por cuestiones de agenda, subimos a media tarde y las fotos no salieron mal del todo. En verano, está abierto hasta las 8 de la tarde.

Vistas del interior desde el campanario

Vistas del interior desde el campanario

Muralla

La ciudad conserva un tramo de muralla, desde donde, según nos dijo el encargado de nuestro hotel, se pueden obtener las mejores vistas de la ciudad. Un consejo así no se desaprovecha, así que para allá que nos fuimos. Para llegar al tramo de muralla habrá que dirigirse a la parte alta de la ciudad: se trata de un paseíto por cuestas bastante empinadas que, sinceramente, bajo el sol abrasador de agosto, no nos hizo ninguna gracia. Pero de nuevo, quien algo quiere, algo le cuesta y, de nuevo también, las vistas que tuvimos desde la muralla hicieron que el esfuerzo valiese la pena.

Paseando por las murallas

Paseando por las murallas

La entrada, si no recuerdo mal, vale 1 euro también, y os aseguro que está muy bien pagado porque las vistas son… ufff… alucinantes. Aun así, vamos a aclarar una cosa: si habéis buscado o buscáis ahora mismo fotos de Piran en Google, no esperéis poder hacer una en la que se distinga perfectamente la forma de la península; sí, esos fotones que tanto nos enamoran y que nos hacen decidir que Piran será nuestro próximo destino. Pues bien, esas fotos son aéreas, hechas desde un avión, un helicóptero o un dron. Lo siento, pero vosotr@s no vais a poder hacer una foto así desde ningún punto de la ciudad. Lo digo porque a mí me pasó, y me quedé un pelín mosca, ¡jajaja! A veces soy un poquito… inocente (vamos a decirlo así) 😅

Vistas de la ciudad desde las murallas

Vistas de la ciudad desde las murallas

Una vez aclarado esto, también os puedo decir que, efectivamente, las mejores fotos de vistas de la ciudad que hicimos fueron desde aquí, desde las ruinas de la muralla, y en cierta medida, sí que se nota la forma de la península, pero no de la forma tan espectacular en que se captura la península con una foto aérea. Aun así, ni tan mal, ¿no?:

Vistas desde la muralla: se aprecia la forma de punta, ¿verdad?

Vistas desde la muralla: se aprecia la forma de punta, ¿verdad?

Otro dato: mientras subíamos a la parte alta de la ciudad para legar a las murallas, a mano izquierda, descubrimos, asomándonos a la barandilla del paseo por el que íbamos subiendo, una preciosa playa de guijarros con un agua de un azul turquesa espectacular. ¡Qué ganas nos dio de bañarnos ahí! Tenía un aspecto totalmente paradisíaco, pero ni íbamos vestidos para ello ni teníamos tiempo para hacerlo, así que nuestro gozo en un pozo 😢 Es lo negativo que tienen los roadtrips: tienes el tiempo justísimo en cada uno de los destinos, así que te da para hacer lo básico y te quedas con las ganas de hacer muchas cosas más. Como ya os comenté, esta misma sensación la tuvimos en nuestro paso por Bled: nos faltó tiempo por todos lados para disfrutar de un lugar tan espectacular y que tiene tanto que ofrecer. Pero bueno, quien vaya a Piran durante más tiempo, que sepa que tiene creo que más de una playa de guijarros donde bañarse, y la que vimos nosotros tenía una pinta buenísima: sin ir más lejos, el color del mar a mí me recordó al de mi querida Menorca y eso, viniendo de mí, es mucho decir, ¿eh? 😜

Esas aguas turquesas...

Esas aguas turquesas…

Callejear

Una vez hemos visto la ciudad desde las alturas, lo suyo es bajar y perderse en el laberinto de callejuelas que separan la Plaza Tartini de la zona de Punta que, como su nombre indica, es la punta de la península.

Se trata de callejuelas estrechitas, adoquinadas y peatonales, que conforman un entramado bastante caótico. A ratos pueden recordar un poco a las callejuelas de Venecia o de alguna otra ciudad italiana, lo cual vuelve a resultar curioso y, a la vez, no tanto. Por aquí también encontraremos multitud de cafeterías, restaurantes, heladerías y tiendas de souvenirs, y también había un montón de terracitas agradables donde pararse a cenar o a tomar algo.

Pasamos por la agradable Plaza 1º de Mayo (o Trg 1 Maja, como se llama en esloveno), rodeada de interesantes edificios barrocos, como la antigua farmacia de la ciudad. Las calles circundantes son un laberinto de casas colgantes en colores pastel, pasajes abovedados y patios con arcadas.



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Punta

Al final del laberinto de callejuelas, saldremos a Punta y al espectacular paseo marítimo que bordea la punta de la península, tanto por el norte como por el sur. Recomiendo recorrerlo enterito, porque es simplemente precioso y es un paseo sumamente agradable a la orilla del mar. Ahora sí, nos pilló aquí el atardecer, lo que multiplicó por mil la belleza ya impresionante de esta zona.

Atardecer azul en Piran

Atardecer azul en Piran

Se trata de un paseo muy animado, lleno de restaurantes, heladerías, coctelerías… todos ellos con terraza. Además, todo el paseo está bordeado por un rompeolas formado por piedras enormes y aquí se baña la gente en esas maravillosas aguas del Adriático. También hay alguna zona con plataforma de cemento y escaleras tipo piscina para entrar y salir del agua.

Cenar en el paseo marítimo con vistas al mar, en cualquiera de los cientos de restaurantes que encontraréis, es un must. Todos los sitios tienen los menús con los precios puestos fuera, en la terraza, así que tomaos vuestro tiempo para elegir uno que os guste de entre la gran variedad de opciones que encontraréis. Son muy típicos los platos de marisco y los de cocina italiana, así que seguro que encontráis algo para todos los gustos y para todos los bolsillos.

Por supuesto, otra cosa que no os podéis perder es el faro y la Iglesia de San Clemente, justo en la punta propiamente dicha de la península, a orillas del mar. Esta iglesia evoca al antiguo faro al que Piran debe su nombre y fue construida en el S. XIII, aunque fue modificada 500 años más tarde. La imagen de la pequeña iglesia con su faro junto al mar, en pleno paseo marítimo, es una estampa que vale la pena ver.

La iglesia de San Clemente y el faro, a orillas del mar

La iglesia de San Clemente y el faro, a orillas del mar

Además, todo el resto de construcciones que bordean el paseo marítimo son encantadoras: casitas muy cucas de aspecto antiguo y cada una pintada de un color pastel diferente. Todo esto contribuye a crear un entorno verdaderamente idílico, lo cual, teniendo en cuenta que es un sitio tan turístico, tiene mucho mérito.

Casitas bonitas en el paseo marítimo de Piran

Casitas bonitas en el paseo marítimo de Piran

Si seguís caminando por el paseo marítimo por la zona sur de la península, llegaréis al puerto deportivo, todo lleno de veleritos y barquitas de recreo. Esta es una zona que no pudimos explorar por falta de tiempo, pero estoy segura de que un paseo por esta zona del puerto también es súper bonito y agradable. Y, de hecho, esta zona del puerto deportivo está a los pies de la Plaza Tartini, donde hemos empezado nuestro recorrido, así que hemos dado literalmente una vuelta completa a la ciudad en solo una tarde.

 

El alojamiento ideal: Guesthouse Pachamama Pleasant Stay

Os recuerdo que Piran es una ciudad pequeña, y los hoteles y las plazas hoteleras que hay son esas: las que hay. Por lo tanto, si planeáis una escapada a Piran porque después de leer el post y ver las fotos os ha entrado el ansia viva, os recomiendo que solucionéis el tema del alojamiento con tiempo.

Nosotros, por nuestra parte, no podemos estar más contentos con nuestra opción, que fue el Guesthouse Pachamama Pleasant Stay. En algunas culturas nativas sudamericanas, Pachamama es el nombre que se le da a la Madre Tierra, a la que los humanos deben cuidar y venerar. Pues bien, estos datos nos pueden dar una idea del estilo y las peculiaridades de esta excelente opción de alojamiento. Pero hablaremos de esto un poco más adelante…

Empecemos hablando de la ubicación de este hostal: Pachamama (Trubarjeva ulica 8) se encuentra a escasos metros de la Plaza Tartini; es más, yo diría que a unos 10 pasos exactamente, no más. Por lo tanto, este alojamiento tiene una ubicación absolutamente inmejorable. Para encontrarlo fácilmente, dirigíos a la casa veneciana de la Plaza Tartini (si todavía no la conocéis cuando estéis buscando el hostal, es la que tiene en sus bajos la tienda Piranske Soline y por detrás de la cual asoma el campanario de la catedral) y, una vez os encontréis mirando a la puerta, con la plaza a vuestras espaldas, coged la callejuela peatonal que queda a vuestra izquierda: a pocos pasos encontraréis la entrada al hostal Pachamama. ¡No tiene pérdida!

Se trata de un establecimiento regentado por gente joven y, como ellos mismos dicen, es un hostal creado por viajeros para viajeros. En la zona de la recepción encontramos una bonita zona de descanso con un montón de puffs de colores, y también se venden camisetas, bolsos, etc. fabricados en tejidos orgánicos. Todo el hostal, desde la zona de la recepción, hasta las habitaciones, pasando por los pasillos, está decorado con fotografías viajeras de gran tamaño y alta calidad de todas partes del mundo.

Las instalaciones son nuevas o, mejor dicho, están renovadas, porque se nota que el edificio, la calle donde se encuentra y todo el casco antiguo en general, tienen siglos de antigüedad. Estamos hablando de un hostal, así que no os esperéis grandes lujos: las habitaciones son básicas, pero limpias, cómodas y luminosas. Todas cuentan con baño propio, modernísimo y totalmente equipado, donde encontraremos accesorios de baño artesanales fabricados en países lejanos y exóticos, y los productos de baño son de excelente calidad (¡el gel de ducha de fresa era para comérselo directamente!). Como os decía: no encontraremos grandes lujos, pero sí pequeños detalles de gran calidad añadidos con mimo que marcan totalmente la diferencia. Las habitaciones también cuentan con aire acondicionado, cosa que agradecimos enormemente con la ola de calor que azotaba Eslovenia (y toda Europa, en realidad, porque al seguir con nuestro roadtrip por diferentes países no conseguimos huir de ella).

Hay una cocina en la planta a disposición de los viajeros, además de un pequeño patio interior y, la joya de la corona, una pequeña terraza en la azotea con mesitas y sombrillas donde se sirve el desayuno en verano: una monada.

La encantadora terracita del Pachamama

La encantadora terracita del Pachamama

Hablando del desayuno: ¡esto se merece casi un apartado propio! Al hacer el check-in en el hostal te preguntan si vas a querer su famoso “Day Starter” para desayunar. Se trata, según pudimos leer en el cartel que lo anunciaba, de un desayuno saludable pensado para incorporar las necesidades nutricionales básicas que requiere nuestro cuerpo: una combinación perfectamente equilibrada para proporcionar toda la energía necesaria para hacer frente a un agotador día de turisteo. Estuvimos a punto de decir que no íbamos a tomarlo, ya que eran como 8 o 9 euros por persona y pensamos que simplemente tomaríamos un café por ahí y poca cosa más. Por suerte, al final decidimos aceptarlo. Por favor, si os alojáis en el hostal Pachamama, ¡no cometáis el error de rechazar el Day Starter!

Pocos desayunos de hotel han sido tan memorables como este: se trata de un desayuno completo, con mezclas de sabores e ingredientes originales y diferentes. Es abundante, sano y te llena de energía. Veamos que incluía el súper desayuno:

  • Al salir al patio interior, desde donde se sube a la terraza de la azotea, vimos una mesita llena de smoothies con una pizarra que nos instaba a coger uno y subir a la terraza. Si no recuerdo mal, era un smoothie de té verde, kiwi y manzana: ¡curiosísimo y riquísimo!
  • Al llegar a la bonita terraza, bajo la atenta mirada del campanario de la catedral, allí nos estaba esperando nuestra mesa, perfectamente montada y dispuesta con mimo y con gran atención al detalle en todo lo referente a vajilla y utensilios. Lo primero que nos trajo la chica que prepara los desayunos fue una pequeña fuente con hummus, aceitunas y pipas de calabaza, además de una cesta con pan. Tal vez pensaréis: “Jolín, ¿hummus y aceitunas para desayunar?” Pues, oye, ningún problema: para adentro, y bien bueno que estaba.
  • A continuación vino “el plato fuerte”: un bol con una mezcla de ingredientes bastante sorprendente. Si no recordamos mal, porque había tantas cosas y tan extraordinarias que no estamos seguros de que la lista sea precisa o completa, se trataba de una mezcla de quinoa, plátano, calabaza asada, miel, bayas de goji, nueces y ralladuras de coco. ¿Cómo se os queda el cuerpo? Al principio lo miramos con cierta desconfianza, pero fue probarlo y se nos olvidaron todos los reparos que pudiésemos tener: ¡estaba delicioso! ¡Y tan diferente! Que te sorprendan a través del sentido del gusto es ya bastante raro a estas alturas; pues este pequeño hostal de Piran lo consiguió con su poderoso Day Starter. ¡Ñam!
  • Para rematar, probamos todavía otro sabor nuevo: zumo de bayas de saúco. Es un líquido transparente, que parece agua, pero, chic@s, de verdad, ¡qué cosa más buena! Simplemente espectacular.
  • Aparte también había café y té en una mesita aparte que te podías servir.

 

Buena forma de empezar el día

Buena forma de empezar el día

Al terminar el desayuno, nos quedamos con cara de alucine, en plan: “¿Qué ha pasado aquí?”. Fue realmente una experiencia muy top, totalmente gourmet, y no pudimos menos que felicitar a la chica del desayuno y darle las gracias por regalarnos esta experiencia. Entre el desayuno tradicional de cualquier hotel y este no hay color; lo disfrutamos muchísimo y, a día de hoy, seguimos sin haber probado nada igual.

Una vez he dejado claro nuestro entusiasmo con el desayuno del hostal Pachamama, también he de puntualizar una cosa: es una opción arriesgada con los niños. Nuestros vecinos de mesa iban con dos niños pequeños que ni lo probaron, así que tenedlo en cuenta si vais con churumbeles.

El delicioso y sano desayuno del Pachamama

El delicioso y sano desayuno del Pachamama

En resumen, nuestra experiencia en el Pachamama fue extraordinaria, desde el principio hasta el glorioso final con el súper desayuno. Tanto Luka, el propietario y encargado de recepción, como la chica de los desayunos y la otra chica que encontramos en recepción a la mañana siguiente, fueron realmente estupendos con nosotros, nos trataron genial y nos dieron todo tipo de consejos para hacer que nuestra estancia en Piran fuese inolvidable. Y lo consiguieron ❤️.

 

Hasta aquí este post sobre qué hacer en Piran en un día. Como ya he mencionado, un solo día se queda muy corto: Piran está hecho para recorrerlo de manera perezosa, sin prisas, para viajar slow y descubrir todos sus secretos, pero aun sin haber sido capaces de vivirlo de esta manera, nos fuimos enamorados del lugar, de sus gentes, de su encanto… Esperamos poder volver algún día y tener todas esas experiencias que se nos quedaron en el tintero… ¿He mencionado que también se pueden hacer cruceros por toda la costa? (Suspirito). En fin, otra vez será, y no tengo ninguna duda de que habrá una próxima vez: Piran se lo merece.

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