Qué ver en Helsinki

¡Hola, viajer@s!

Tras haber escrito varios posts más o menos introductorios, aquí va el primer post “de verdad”, es decir, el primer post en el que voy a hablar sobre un viaje. El viaje que he elegido para comenzar es el que hicimos el pasado enero a Finlandia, durante el que visitamos Helsinki, Laponia y Porvoo y, desde Helsinki, también viajamos a Tallín. Se trata de uno de los viajes que más ilusión me hacía a priori, ya que pensaba que algo especial tenía que tener ese país, ya que muchas de las bandas que más me gustan proceden de allí, y hacen una música realmente especial, inspirada en muchos casos en la espectacular naturaleza del país. Por lo tanto, las expectativas estaban muy altas, pero tendréis que seguir leyendo hasta el final del post para saber si el país defraudó o estuvo a la altura.

De todos modos, en este post, me voy a centrar únicamente en la capital, Helsinki, ya que hay mucho que contar y, si intentase meterlo todo en el mismo post, este sería kilométrico. Mi idea es escribir un par de posts sobre Helsinki, uno sobre Laponia, uno sobre Tallín, uno sobre cómo equiparse para viajar a países nórdicos en invierno y otro sobre los conciertos que vimos durante las vacaciones. Este viaje va a dar mucho de sí, ya veréis.

Estación del año, transporte desde el aeropuerto, hotel, etc.

Empecemos por Helsinki, pues. Como ya he comentado, viajamos en enero de 2016 y eso, por supuesto, significa que era pleno invierno y que hacía bastante frío. En la capital nos movimos entre los -7 y los -20 grados. Tal vez para aquell@s de vosotr@s que estéis acostumbrad@s a las temperaturas frías, esto no es demasiado sorprendente. Sin embargo, para mí, una persona mediterránea acostumbrada a vivir en Castellón, donde no se puede decir ni que exista un invierno de verdad, era todo un reto. Sinceramente, creo que pocas veces en mi vida hasta ese momento había estado a temperaturas bajo cero, así que iba un poco preocupada, pero os lo digo sinceramente, no lo pasé mal en absoluto, ya que intentamos equiparnos lo mejor posible desde España para evitar sorpresas desagradables e intentar volver con todas nuestras extremidades intactas. Así que no tengáis miedo: se puede ir a los países nórdicos en invierno y se puede disfrutar de ellos. Es más, creo que este tipo de países se pueden ver en su máximo esplendor en esta estación, es parte de su encanto y tienen una magia especial en estas épocas. Pensad lo contrario: para un nórdico, venir a España en pleno agosto para ir a la playa puede ser también muy duro, ya que no están acostumbrados a temperaturas tan altas, pero es parte de la gracia y del encanto de este país, y dudo mucho de que ellos se planteen venir en marzo o en diciembre en vez de en la temporada de verano para no pasar demasiado calor. ¡Pues nosotros tampoco! 😉 .



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Una vez dicho esto, y aunque vayas muy bien equipada, sí que te encuentras situaciones chocantes. Por ejemplo, nada más salir del aeropuerto, mientras esperábamos el autobús para ir al centro, notamos que, al respirar, la humedad del aire se quedaba congelada en pequeñas gotitas de hielo en los pelillos de la nariz. ¡Menuda sensación más rara nada más llegar! En ese momento pensé: “Débora, esto promete, todavía no has salido del aeropuerto y ya has experimentado una sensación completamente nueva y desconocida”. Este tipo de pequeños detalles o microexperiencias hacen que viajar sea tan bonito y enriquecedor.

Bien, primer dato útil, viajar desde el aeropuerto al centro de Helsinki es muy fácil y muy barato: solo hay que coger el bus de línea que te lleva a la estación de trenes, que está situada en pleno centro de la ciudad. La línea es la 615, y el billete sencillo cuesta unos 5 euros. Eso sí, es uno trayecto largo, de unos 45-50 minutos, y los autobuses no están especialmente adaptados a los viajeros con mucho equipaje, así que hay que apañarse un poco como se pueda. Una vez llegas a la estación de tren, ya estás en el centro y, como nuestro hotel en teoría estaba muy cerca, a unos 3 minutos caminando, decidimos ir andando a pesar de que íbamos bastante cargados. Segundo dato útil, las maletas con ruedas en la nieve no ruedan. ¡Horror! Tenedlo en cuenta. Además, como ya he comentado, no estábamos acostumbrados a caminar sobre nieve o hielo debido al clima de donde vivimos, así que caminábamos un poco como patos. Es bastante habitual ver a gente resbalar y caerse por la calle, finlandeses incluidos, pero puedo decir con orgullo que ninguno de los dos llegamos a caernos en todas las vacaciones: resbalones miles, pero ninguna caída. ¡Bien por nosotros! Total, que tardamos bastante en llegar al hotel, que era el Best Western Carlton. Es un hotelito que está muy bien, céntrico (dirección: Kaisaniemenkatu 3), no muy caro para el país del que estamos hablando, con un restaurante con buenos precios en la parte de abajo y también una cafetería; además, lleva el desayuno incluido. Otra cosa que está muy bien es que cada habitación es diferente y, en teoría, cada una tiene algo chulo o especial y, si lo pides con antelación, te reservan la habitación según tus preferencias. Por ejemplo, hay una habitación con jacuzzi: la pedimos y nos la dieron sin ningún problema, ¡y por el mismo precio que cualquier otra! Genial, ¿no? En general recomiendo este hotel sin dudarlo, a nosotros nos sirvió perfectamente. Si alguien tiene pensado ir a Helsinki y se decide por alojarse en el Best Western Carlton, tened en cuenta que puede ser algo difícil de encontrar si buscáis el cartel del propio hotel, ya que se entra por el Restaurante Iguana o por el Café Robert, que están mejor indicados; teniendo esto en cuenta, lo encontraréis en seguida 🙂 .



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Qué ver en Helsinki

Hablemos un poco ahora sobre Helsinki y nuestras primeras sensaciones. Por lo visto, pillamos una ola de frío bastante intensa y estaba toda la ciudad completamente nevada. Yo, personalmente, nunca había visto tanta nieve y he de confesar que me encantó. La ciudad estaba literalmente cubierta por un manto blanco y todo, todo estaba sepultado por la nieve: aceras, calzadas, coches, monumentos, edificios… Todo tenía un aspecto muy delicado y especial, para mí fue algo completamente mágico.

El primer lugar que visitamos fue la Plaza del Senado, que está presidida por la impresionante catedral luterana Tuomiokirkko. Se trata de un edifico neoclásico de color blanco con columnas que se encuentra en la cima de una escalinata bastante alta que abarca todo el lateral de la plaza que, aparte de esto, queda bastante despejada. Pienso que esta iglesia está diseñada y ubicada para resplandecer en su elemento, que es la nieve: la iglesia de un blanco puro rodeada por el paisaje nevado crea una estampa realmente preciosa. En nuestro caso, ¡hasta el cielo era blanco!

Tuomiokirkko en la Plaza del Senado

Tuomiokirkko en la Plaza del Senado

Muy cerca de allí, a menos de 5 minutos caminando, se encuentra el “kauppatori” o plaza del mercado al aire libre, que es la zona del puerto de donde zarpan la mayoría de cruceros, y donde se encuentra también el “kauppahalli”, o mercado cubierto. En el mercado al aire libre había algunos tenderetes con auténticos valientes haciendo frente al frío, aunque me imagino que en otras épocas del año habrá más vida en esta zona. Sin embargo, el mercado cubierto sí que es un sito que merece la pena visitar para pasar un rato agradable. Tiene el encanto de los mercados antiguos, un ambiente muy animado y tanto productos frescos para comprar como comida preparada para tomar allí mismo. Sobre los productos, he de decir que más de la mitad no teníamos ni idea de lo que eran, pero todo esto forma parte del encanto 🙂 . Por último, presidiendo la zona del “kauppatori” desde las alturas, también se encuentra la catedral ortodoxa Uspenski, que, a pesar de encontrarse a escasos metros de distancia, no puede ser más diferente a la luterana. La ortodoxa es de ladrillo rojo y con cúpulas de cebolla de un tono verdoso, al más puro estilo ruso, y preciosa también, y más por lo exótica que nos puede resultar a los occidentales.

Catedral ortodoxa Uspenski

Catedral ortodoxa Uspenski

Desde el mismo kauppatori es desde donde se coge el ferry para la isla de Suomenlinna, cuya fortaleza es Patrimonio Mundial de la Unesco. El trayecto en ferry dura unos 15 minutos y creo recordar que cuesta unos 5 euros ida y vuelta. En nuestro caso, solo el viaje en ferry ya fue una auténtica experiencia, ya que el Báltico estaba completamente congelado, a excepción del caminito que abre el ferry al ir y volver de la isla. La verdad es que es una imagen espectacular.

Una vez en la isla, seguimos mirándolo todo con la boca abierta, ya que realmente aquello parecía otro planeta. Probablemente en verano no tenga nada que ver, pero en invierno, con la nieve, los ríos y lagos helados, las murallas, los búnkeres y los cañones de la fortaleza y los paisajes que ofrece la isla, era un panorama completamente marciano, o tal vez post-apocalíptico sería más adecuado, no sé…

La cuestión es que no puede dejar indiferente a nadie, ¡si hasta tiene construcciones que recuerdan a los agujeros hobbit!

La mayoría de las “atracciones” o museos estaban cerrados, pero en la cafetería de uno de ellos tomamos “glögi” (vino especiado caliente) y comimos “gingerbread” (galletitas que saben a Navidad), ¿puede haber algo más reconfortante y finlandés? 🙂 .

 

Aquí os dejo un vídeo en el que se aprecian las condiciones meteorológicas 😉 :

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Volviendo a Helsinki, una de las calles principales de la ciudad es Esplanadi, que también empieza en el mismo kauppatori. Se trata de una amplia avenida con árboles y tiendas, muchas tiendas. Tanto en esta avenida como en las calles circundantes encontraréis las típicas tiendas de alta gama (Louis Vuitton y compañía), cafeterías y restaurantes elegantes y tiendas de diversas marcas del aclamado diseño finlandés, entre las que destacan Iittala y Marimeko. Son tiendas caras, pero los diseños son chulísimos y si encontráis algo que os guste en la sección de ofertas, puede ser un buen souvenir. Yo me llevé una jarrita para servir la leche con el café de Iittala y soy súper feliz 🙂 .

Otros dos edificios que hay que ver en Helsinki son Vanha Kirkko que, según la guía Lonely Planet, es la iglesia más venerada de la ciudad, y, sobre todo, Temppeliaukion Kirkko, por su originalidad. Se trata de una iglesia excavada en la roca con un techo de cobre y, por lo visto, la acústica es bastante espectacular. Es una iglesia totalmente diferente, vale la pena visitarla.

Temppeliaukion Kirkko

Temppeliaukion Kirkko

Otro lugar precioso es el museo al aire libre de Seurasaari, que solo está abierto como museo en sí en los meses de verano, cuando, por lo visto, los guías van vestidos de época y hacen algún tipo de representación.

El interés del museo radica en la exhibición, en una isla cubierta de bosques, de construcciones tradicionales de madera traídas de todas las partes del país: hay todo tipo de casitas, graneros, botes de madera, etc. Todo esto en un paisaje boscoso totalmente evocador a la orilla del Báltico.

Además, los pájaros y las ardillas están tan acostumbrados a los turistas que, si os lleváis frutos secos o algo parecido, es muy probable que consigáis que os coman de la mano. ¡Nosotros lo conseguimos! A Seurasaari se llega en el bus urbano número 24: plan fácil y barato.

Viajes de un día desde Helsinki

Una vez hemos visto ya el turismo por Helsinki, un viaje de un día típico desde la capital es una visita a Porvoo. El casco antiguo de esta pequeña ciudad es una auténtica maravilla, igual que la orilla del río, toda bordeada de almacenes de color rojizo. Vale la pena pasear por las callejuelas adoquinadas, admirar los antiguos edificios de madera con bonitas fachadas y la curiosa iglesia con campanario exento. Sin embargo, la estampa típica de Porvoo es la de los ya mencionados almacenes rojos a la orilla del río. Para sacar una buena foto hay que cruzar el río y subir una pequeña montaña. Pues bien, el río lo cruzamos caminando tal cual por la superficie helada, no veáis la gracia que hacía aquello… Y la montañita, por supuesto, estaba completamente cubierta de nieve, por lo que no había ni caminito ni nada, había que subir campo a través y, a medida que iba subiendo, yo ya iba pensando en cómo narices iba a bajar de allí de una pieza. Al final no morí ni ahogada en agua helada ni despeñada montaña abajo, ¡bieeen! Pero la foto es bonita 🙂 .

Vistas de Porvoo - almacenes rojos

Porvoo

¡Ah! Y también tienen un dulce famoso llamado “Runeberg cake” que está buenísimo. Un pastelito de esos con una tacita de glögi es una buena merendola que os hará entrar en calor. A Poorvo se llega en un autobús de línea desde la estación de autobuses de Kammpi y creo que en verano también se puede ir en ferry desde Helsinki.

Otra excursión de un día típica y altamente recomendable desde Helsinki es ir a pasar el día a Tallín, capital de Estonia, simplemente cruzando en ferry el estrecho que separa las dos capitales, a través del Báltico. Tallín es una ciudad encantadora y absolutamente medieval que parece sacada de un cuento de hadas. No voy a contar nada más sobre esta ciudad porque se merece un post aparte, pero insisto en que es una excursión muy, pero que muy recomendable.

Preciosas vistas de Tallín

Preciosas vistas de Tallín

Bueno, pues hasta aquí mis recomendaciones sobre qué ver en Helsinki, que creo que para ser mi primer post sobre un viaje, ya está bien. Sin embargo, seguiré hablando sobre esta ciudad en mi siguiente post y prometo mucha más información útil sobre restaurantes, pubs y aspectos varios de la vida en la ciudad. ¡Seguid atent@s, viajer@s! 😉 .

Pdt. Como lo prometido es deuda, aprovecho para confirmar que Helsinki y Finlandia en general estuvieron a la altura de mis altas expectativas… ¡Volví enamoradita!

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