Visitar Cinque Terre en dos días

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¡Hola, viajer@s!

Hoy os traigo un post que tenía muchas ganas de escribir y que, por lo visto, vosotr@s teníais muchas ganas de leer, ya que fue el destino que resultó ganador en la encuesta que hice en Stories en Instagram entre Menorca prehistórica y Cinque Terre para que vosotr@s eligieseis cuál sería el siguiente post que escribiría yo para el blog. El ganador, como decía, no fue otro que Cinque Terre, así que… ¡aquí tenéis el deseado post! 😊

Cinque Terre fue el segundo destino, después de Aviñón, de nuestro roadtrip de Castellón a Eslovenia que hicimos con la excusa de asistir al festival de metal MetalDays este verano pasado (2017). Las fechas en las que estuvimos en Cinque Terre en concreto fueron sobre el 20 de julio. Fue un roadtrip intenso y completito sobre el que ya os iré contando qué hicimos en todas y cada una de nuestras paradas… ¡y hoy le toca el turno a Cinque Terre!

 

Pero, ¿qué es Cinque Terre?

Se denomina Cinque Terre a una porción de costa formada por cinco pueblos (de ahí el nombre) en la provincia de La Spezia, bañada por el mar de Liguria en la región de Liguria (Italia), y comprende los pueblos de Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore, que se encuentran entre los más encantadores y pintorescos de Italia. Cinque Terre, por lo tanto, no es una ciudad o un lugar concreto, es una zona. Su ubicación es en la costa noroccidental italiana, entre Génova y Pisa, y a una distancia aproximada de 2 horas en coche desde cada una de estas ciudades.

Esta región, gracias a sus características geográficas, constituye uno de los principales atractivos de la riviera lígure. Tiene unas características orográficas muy particulares que dan lugar a un paisaje montañoso constituido por distintos estratos o “terrazas” que descienden hacia el mar Mediterráneo con una fuerte pendiente. La mano del hombre, a lo largo de los siglos, ha modelado el terreno sin alterar el delicado equilibrio ecológico, utilizando esas terrazas en declive para desarrollar una particular técnica agrícola destinada a aprovechar todo lo posible la disposición del terreno. En esta zona predominan principalmente los viñedos y los árboles frutales.

En 1997, a instancias de la Provincia de La Spezia, los Cinque Terre, junto con Portovenere y las islas de Palmaria, Tino y Tinetto, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

 

¿Dónde alojarse para visitar Cinque Terre?

Pues nosotros optamos por no complicarnos la existencia en absoluto y decidimos alojarnos fuera de Cinque Terre. ¿Por qué digo esto? Pues por varios motivos:

  • Para empezar, este viaje lo organizamos con menos antelación de lo habitual en nosotros (que suele ser mucha) y para cuando nos pusimos a mirar alojamiento para esta zona, no quedaba demasiado disponible y además era caro. Fuera de los Cinque Terre en sí, el alojamiento es más barato y estoy bastante segura de que también es de mejor calidad.
  • En prácticamente todos los pueblos de Cinque Terre (de hecho, en todos menos en uno, pero ya hablaremos de esto más adelante) te puedes bañar, pero como nosotros nos somos muy de playa, y menos de playas ultramasificadas, y como queríamos aprovechar bien el tiempo visitando los pueblos en lugar de bañándonos en ellos, decidimos que, para compensar, nos apetecía un alojamiento con piscina para poder relajarnos después de cada día agotador de turisteo. Debido a las restricciones de espacio en los pueblos en sí (que son todos muy pequeñitos), dudo mucho que haya demasiados alojamientos con piscina, si es que hay alguno, en los propios pueblos.
  • Y, el motivo más importante: sabíamos que meterse en coche por Cinque Terre es muy complicado y que tendríamos que tirar de transporte público para movernos entre los pueblos, así que ni nos planteamos acercarnos con el coche por la zona. Un poco más adelante explicaré cuál fue la estrategia que seguimos para el desplazamiento.

 

Teniendo esto en cuenta, nosotros optamos por la pensión Affittacamere Cotorelle, en Beverino, a 20 minutos en coche de La Spezia, lugar desde donde se coge el tren que nos llevará a Cinque Terre, y la verdad es que no podemos estar más satisfechos con nuestra elección.

Se trata de una pequeña finca donde los dueños tienen su propia casa, la casa donde están las habitaciones para alquilar, la piscina y una gran extensión de terreno que utilizan como huerto, repleto de todo tipo de árboles frutales, hortalizas, plantas aromáticas y flores. Está todo cuidadísimo y el entorno es realmente encantador, es como estar en pleno campo, en plena naturaleza.

Nuestra habitación era básica, pero cómoda y estaba limpísima. El baño estaba fuera de la habitación, pero era para uso exclusivo nuestro (teníamos una llave para la habitación y otra para el baño, de forma que si lo cerrábamos solo podíamos entrar nosotros).

Piscinaaaaa

Piscinaaaaa

La piscina era un auténtico lujo, tenía un buen tamaño, estaba limpia y cuidada, y en la terraza de alrededor había hamacas para tumbarte a la bartola y también mesas y sillas para tomarte tranquilamente una cerveza en plan relax.

El desayuno se sirve en la terraza, en una zona encantadora bajo un entramado de parras que dan sombra: una pasada. El desayuno muy bien: aparte de café o té con pan y embutido y croissants con mermelada y mantequilla, también hay zumo, yogures y hasta fruta del huerto de los dueños: ¡el melón que nos ofrecieron era miel pura! El trato fue realmente agradable y, a pesar de que el señor apenas hablaba inglés (su hija sí lo habla, así que tampoco hay mayor problema), nos entendimos perfectamente y tanto él como toda la familia nos hicieron sentirnos muy bienvenidos y muy cómodos. ¡Estuvimos súper a gusto!

Creo que solo hay 4 habitaciones para alquilar, así que lo más probable es que haya bastante tranquilidad, ya que no es un sitio abarrotado ni bullicioso. La verdad es que agradecimos mucho el entorno idílico y relajante de nuestra pensión después de visitar todo el día sitios tan turísticos y saturados como son los Cinque Terre.

A nosotros nos costó unos 130 euros las dos noches, con desayuno, parking y wifi incluido. No es especialmente barato, pero en una zona tan turística, lo considero dinero bien pagado, sobre todo por el tema de la piscina.



 

Estrategia para visitar Cinque Terre

Vale, entonces, si nos alojamos fuera de Cinque Terre, ¿cómo los visitamos y cómo nos movemos entre los pueblos? Pues muy sencillo. La estrategia es la siguiente: hay que ir en coche hasta La Spezia (el pueblo más grande de la zona), aparcar allí el coche y, desde allí desplazarse en tren hasta los pueblos de Cinque Terre para no complicarnos la existencia con el coche en los pueblos, ya que por lo visto el tema del aparcamiento está realmente complicado. Nosotros ni lo intentamos ni nos lo planteamos, y os recomiendo que hagáis lo mismo, en serio, que así se visita y se ve todo la mar de rápido y fácil y sin dramas.

Entonces, como os decía, habrá que coger el coche desde nuestro alojamiento hasta La Spezia (en nuestro caso, desde Beverino a La Spezia era un trayecto de unos 20 minutos) y aparcar en la propia Spezia. Y sí, efectivamente, esta es la parte más complicada también de esta “estrategia”, pero para nada es misión imposible, ya veréis.

Hay tres parkings posibles en La Spezia, veamos cuáles son:

  • Parking en Via Fiume 143: justo debajo de la estación de tren. Precios: 1,2 euros/hora y 20 euros/día. No siempre hay sitio, pero por suerte hay bastante movimiento y, si no hay una cola muy larga de coches esperando ya para entrar, vale la pena esperar con el coche en la puerta del parking hasta que salga alguno. Salen por al lado de por donde se entra, así que se ve perfectamente si algún héroe anónimo al que le estaréis eternamente agradecid@s sale para que vosotr@s podáis entrar; además, el cartel de Completo del parking cambia a Disponible y la valla podrá empezar a funcionar de nuevo. Lo que viene a ser el funcionamiento normal de un parking, vamos.
  • Parking en Via XV Giugno 637: es gratuito y, según leímos, suele haber sitio al menos por la mañana sin problemas. Lo malo: está a 1 km de la estación (que no es mucho, ¡pero es que el anterior está en la puñetera estación!)
  • Parking en Via della Pianta 114: es gratuito y siempre suele haber sitio, de nuevo, según lo que leímos. Este está más lejillos: a 3,4 km de la estación.

 

Entonces, lo que yo haría: tener a mano las 3 direcciones de los tres parkings en el GPS por si acaso e intentar aparcar en el primero. Si no hay suerte, ir probando en los otros dos. He de decir que nosotros tuvimos suerte los dos días y aparcamos sin problemas en el primero, en el de la estación, pero siempre después de esperar 5 minutos o eso a la entrada de la puerta del parking. Y vosotr@s diréis: bueno, pues se espera y punto, tampoco hay mayor problema. Pues un poco sí que lo hay: solo hay espacio a la entrada del parking para que hagan cola unos 3 o 4 coches sin interferir con el tráfico de la Via Fiume: por eso decía al principio que si no hay muchos coches ya haciendo cola, esta es la mejor opción; en cambio, si veis que no podéis poneros a la cola porque si no la liais parda con el tráfico, os recomendaría probar con el siguiente de los parkings que he mencionado.

Una vez esté aparcado el coche, habrá que coger el tren hacia Cinque Terre y parar en el primer pueblo que queramos visitar y, a partir de ahí, ir moviéndonos en tren entre el resto de pueblos.

¡Vamos allá con las visitas!

 

DÍA 1 – Riomaggiore, Manarola y Corniglia

Como decía al principio del post, llegamos a Cinque Terre directamente desde Aviñón, con lo cual nos pasamos toda la mañana conduciendo, comimos de camino, llegamos a la pensión, soltamos las cosas y cuando nos dirigimos a La Spezia eran ya las 4 de la tarde o así.

Aparcamos en el parking bueno, como ya os he contado, y nos dirigimos a la pequeña oficina de turismo que hay en la misma estación de La Spezia, donde nos informamos sobre horarios, precios y demás. Para este primer día, cogimos una tarjeta diaria que te permite hacer todos los viajes que quieras entre los pueblos de Cinque Terre en sí, incluida la ida y la vuelta desde y a La Spezia, es decir, que con esta tarjeta teníamos ya el día solucionado en cuanto a transporte (precio: 16 euros por persona, si no recordamos mal). También estaba disponible en versión 2 días, pero finalmente descartamos esta opción (ya veréis por qué). Allí cogimos los folletos con los horarios de los trenes y de los ferries (otra opción de transporte posible de la que ya hablaremos más adelante). Ojo con los horarios, que no todos los trenes paran en todas las paradas (la mayoría sí, pero no todos). Podéis consultar los horarios aquí.

Total, que ya equipados con las tarjetas del tren y toda la información, pillamos por fin el tren de cercanías que va en dirección Levanto y, tras un trayecto de unos 8-9 minutos, paramos en el primero de los pueblos, el que queda más cerca de La Spezia: Riomaggiore.


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Riomaggiore

La estación de tren de este pequeño pueblecito está en pleno centro, así que llegar en tren es súper práctico porque de este modo no tienes que perder tiempo buscando nada, ya que nada más salir te lo vas encontrando todo.

Riomaggiore en todo su esplendor

Riomaggiore en todo su esplendor

El pueblo se estableció a lo largo del empinado valle que forma el “Río Mayor”, de ahí el nombre del municipio. La imagen típica de Riomaggiore es un enjambre de casas de diferentes colores haciendo equilibrios sobre los acantilados frente al mar y a lo largo de la empinada cuesta que forma la calle principal. Habrá que tomar esta calle que baja al mar para llegar al pequeñísimo puerto pesquero, donde veremos varias humildes barcas de pesca flotando en el mar junto a los bañistas. Desde este punto bajo de la ciudad, si levantamos la cabeza, es desde donde tendremos las mejores vistas del caos de coloridas casas que nos rodea. Disfrutadlo: ¡es maravilloso!

Barquitas en Riomaggiore

Barquitas en Riomaggiore

Aquí abajo podéis explorar todos los rincones para empaparos del encanto de Riomaggiore, pero no os perdáis el mirador que queda a la izquierda si miramos el mar, desde donde tendréis muy buenas vistas de las casitas de colores, y también os aconsejo bajar a las mismas rocas de la orilla del mar, donde encontraréis a gente tumbada tomando el sol, ya que obtendréis otra perspectiva diferente y también genial.

Vistas de Riomaggiore desde las rocas a nivel del mar

Vistas de Riomaggiore desde las rocas a nivel del mar

Una vez estéis satisfechos con vuestra visita de la parte baja del pueblo, tocará subir a la parte alta. El objetivo es llegar a la torre del reloj que veréis en la parte más alta de la ciudad, a mano derecha si miramos al mar. Podéis tomar la misma calle principal y empezar a subir cuestas y escaleras. Advierto que es difícil orientarse, ya que este pueblo es un auténtico laberinto (y sus cuatro hermanos también, en realidad), pero al ser tan pequeño tampoco hay demasiado problema y, de hecho, es lo bonito: perderse y dejarse llevar explorando callejuelas.

La calle principal es muy animada y está llena de restaurantes, cafeterías, tiendas de souvenirs, heladerías, etc. Y de gente: mucha, mucha gente. Desde esta misma calle podéis empezar a subir hacia la torre tomando alguna de las callejuelas empinadas o escaleras estrechas que encontraréis. Se llega a hacer durito, os lo advierto, sobre todo con el calorazo de julio que nos hacía.

La animada y encantadora calle principal de Riomaggiore

La animada y encantadora calle principal de Riomaggiore

Al final, llegaréis a la Chiesa di San Giovanni Battista, una pequeña iglesia de pueblo encaramada al acantilado de esta zona alta de Riomaggiore. Poco más adelante encontraréis ya la torre del reloj y, rodeándola, una par de miradores desde donde podréis tener unas vistas espectaculares del mar Mediterráneo y también de todo el pueblo, que desde las alturas se nos presenta como un auténtico mar de tejaditos y de fachadas de colores.

Riomaggiore, precioso desde la parte alta

Riomaggiore, precioso desde la parte alta

Una vez os hayáis hartado de hacer fotos, podéis bajar y seguir callejeando un poquito más o tirar ya para el siguiente pueblo: Manarola. Para ello habrá que volver a la estación de tren y coger el mismo tren de antes y en la misma dirección que antes: el cercanías dirección a Levanto.

Calle principal y puertecito de Riomaggiore

Calle principal y puertecito de Riomaggiore

Manarola

Tras un trayecto cortísimo de 3-4 minutos en el tren, estaremos ya en Manarola, y la estación de tren vuelve a estar en el centro del pueblo. Se dice que es el pueblo más antiguo de los cinco, y también es alrededor del cual más uva se cultiva. Es una pasada pasear por las serpenteantes callejuelas, flaqueadas por casitas de colores vibrantes, que, de nuevo, van a desembocar al mar.

Calle principal de Manarola, bajando hacia el mar

Calle principal de Manarola, bajando hacia el mar

Para visitarlo seguiremos una estrategia parecida a la que hemos usado en Riomaggiore: bajaremos desde la estación de tren hasta el minúsculo puerto por la empinada calle principal y, al llegar al mar nos encontraremos con unas enormes rocas de piedra oscura, como una especie de pequeños islotes, que ocupan un lugar destacado en medio del puerto. Allí, de nuevo, encontraremos a gente bañándose y tomando el sol en las rocas y por todo el puerto y, además, al menos cuando estuvimos nosotros, también había mucha gente tirándose de las rocas, que tienen una altura considerable, al mar. Con un poco de suerte, podréis ver alguna acrobacia 😊.

Los curiosas rocas ubicadas en el centro del puerto de Manarola

Los curiosas rocas ubicadas en el centro del puerto de Manarola

Una vez hayamos visto el espectáculo y nos hayamos empapado de las vistas de la fotogénica Manarola a pie de puerto, haremos como en el pueblo anterior: subiremos para tener una perspectiva diferente. Para ello hay que coger el paseo empedrado que queda a mano derecha si miramos al mar: lo veréis fácilmente recorriendo el acantilado, protegido por una barandilla; además es un sendero muy frecuentado. Todo ese paseo es un mirador en sí, ya que desde aquí es desde donde la bella Manarola nos va a mostrar su mejor cara: las casitas con las fachadas pintadas de diferentes colores encaramadas a los acantilados de roca oscura, los pequeños islotes de los que os hablaba antes en medio del puerto y el reconocible espigón o rompeolas formado por grandes piedras que le da ese perfil tan característico. Sin duda, una de las imágenes más bellas e icónicas de Cinque Terre.

El característico perfil de Manarola: simplemente encantador

El característico perfil de Manarola: simplemente encantador

A lo largo del paseo iréis teniendo diferentes vistas y perspectivas, ¡disfrutadlas todas! Si seguís subiendo por el sendero que serpentea por el acantilado, veréis que hay una especie de segundo nivel de mirador, desde donde podréis tener vistas desde aún más arriba. Cuando os hayáis dado por satisfech@s, podéis volver por el mismo paseo y, en función del tiempo que tengáis, callejear un poco más por el entramado de callecitas o volver a la estación para dirigiros a vuestro siguiente destino: Corniglia. Para ello, habrá que coger de nuevo el cercanías en la misma dirección, Levanto.

Tan bonita, que no parece real

Tan bonita, que no parece real

Corniglia

Tras otro corto trayecto de unos 4 minutos en el tren, llegamos al tercero de los Cinque Terre empezando desde La Spezia: Corniglia.

Corniglia es el único de los cinco pueblos que no tiene acceso al mar, así que es el que tiene un ambiente y un aspecto más diferente dentro del conjunto de los Cinque Terre. En este caso, además, la estación se encuentra en las afueras del pueblo y a nivel del mar, mientras que Corniglia se encuentra encaramado a un promontorio rocoso de unos 100 metros. ¿Esto qué significa? Pues en primer lugar que habrá que caminar unos 5 o 10 minutos hasta llegar a los pies del pueblo y, en segundo lugar, que habrá que subir desde el nivel del mar hasta el pueblo en sí por unas escaleras totalmente mortales formadas por 377 escalones, ni más ni menos. Sumadle a esto el calorazo de julio en pleno Mediterráneo y os podéis hacer una idea de la experiencia infernal que supuso llegar hasta el pueblo de Corniglia 🙄. No voy a engañar a nadie: es un ascenso largo y duro. Por lo que he leído ahora (¡a buenas horas!), en verano hay un bus lanzadera que lleva a los turistas de la estación al pueblo… ¡tenedlo en cuenta por si os podéis ahorrar un buen sofocón!

Casitas al borde del precipicio en Corniglia

Casitas al borde del precipicio en Corniglia

El aspecto del pueblo y de las casas es similar al de los otros dos pueblos que ya hemos comentado: callejuelas estrechas y casitas con las fachadas pintadas de colores, pero el ambiente que se nota es algo diferente. No es ambiente de playa, la sensación es más de pueblecito pequeño de montaña, cuando en realidad el mar lo tienes ahí con solo asomarte al acantilado y el resto de pueblos con sus respectivas playas o puertos donde poder bañarse están a escasos minutos a pie; pero aun así, se nota diferente al resto.

Corniglia es como un manchurrón de colores en medio del monte; está encaramado a la ladera de la montaña y rodeado de viñedos, huertos y bancales con árboles frutales. De hecho, si empiezas a callejear y te despistas un poco, es fácil que te salgas del pueblo por error y acabes en un viñedo o un huerto rodeado de perales, por decir algo. Lo digo porque a nosotros nos pasó, ¡jajaja! En ese caso, toca retroceder e intentar volver a la “civilización”.

El encanto más "de interior" de Corniglia

El encanto más “de interior” de Corniglia

En Corniglia no hay mucho más que hacer que callejear por el laberinto de callecitas y empaparse de su encanto un poco diferente. Hay diversos miradores desde donde tendremos vistas al pueblo en sí, al mar y a las montañas. Nosotros también optamos por tomarnos aquí una bien merecida cerveza después del palizón de las escaleras, y encontramos un sitio minúsculo y rústico donde vendían cervezas artesanales y donde además la chica de la barra tenía puesto Nirvana de fondo: ¡perfecto para recuperar el aliento y refrescarnos un poco!

Vistas del interior desde Corniglia

Vistas del interior desde Corniglia

Una vez decidimos que ya habíamos callejeado lo suficiente, y la verdad es que llegó un momento que ya estábamos cansados, bajamos las escaleras de la muerte y cogimos el tren para volver al alojamiento: en esta ocasión hay que coger el cercanías que va en dirección contraria, a La Spezia.

Callejuelita de Corniglia

Callejuelita de Corniglia

Os dejo aquí un mapa con el recorrido del día, para que os vayáis orientando 😜 (el recorrido que veis sería viajando en coche, porque Google Maps no me deja incluir diferentes puntos o destinos si utilizo la opción de transporte público, pero os lo dejo igual para que veáis un poco la zona y la ubicación de los pueblos):

Cinque Terre día 1

Cinque Terre día 1

 

TIP SOBRE LA SPEZIA: En la misma calle del parking y de la estación, en la Via Fiume, hay un Carrefour Express que a nosotros, personalmente, nos sacó de más de un apuro. Como en el alojamiento no ofrecen cena, compramos aquí algo sencillo para llevar y volvimos en coche al apartamento para cenar allí. Otra opción hubiese sido quedarse a cenar por La Spezia, que es un pueblo bastante más grande que cualquiera de los de Cinque Terre y tiene más oferta gastronómica, o incluso en Corniglia, donde estábamos, pero nosotros teníamos un plan mejor: cena rápida de cualquier cosa y… ¡piscina!

Cuando llegamos al apartamento, vimos que a piscina estaba iluminada (ya que ya era de noche) y que no había ni un alma: ¡toda para nosotros! No veas lo que se agradecía después de un día intenso de conducción durante la mañana y de patear como condenados por la tarde: esto era justo lo que buscábamos al hacer la reserva y justo lo que necesitábamos en esos momentos.

 

DÍA 2: Crucero, Monterosso y Vernazza

Para este segundo día en Cinque Terre teníamos un plan un poco diferente: queríamos recorrer toda la costa en la que se encuentran los cinco pueblos (y algún que otro bonus) en barco para poder ver los encantadores pueblecitos desde otra perspectiva, desde el mar.

Es por este motivo que optamos por no coger la tarjeta de tren de dos días desde un principio, ya que el plan era para este segundo día recorrer toda la costa en barco desde La Spezia hasta Monterosso (el último de los pueblos), visitar Monterosso, desde ahí coger el tren para ver Vernazza (el último que nos quedaría por ver) con un billete de tren individual (más adelante hablaré de precios y de cómo funciona este tema), visitar Vernazza y volver a comprar un billete individual para volver a La Spezia.

De este modo, en dos días podríamos ver los 5 pueblos de dos maneras diferentes: por tierra y por mar. Buen plan, ¿no? 😍 Vamos a ver cómo pasamos este segundo día y cómo terminamos de visitar Cinque Terre.

Crucero

Nos pusimos en marcha bien prontito para llevar a cabo nuestro plan del día, que constaba de crucero por toda la costa y de acabar de visitar los dos pueblos que nos quedaban por tierra.

Para el tema del crucero, volvimos a coger el coche y a aparcarlo en el parking de la estación de La Spezia. Desde la estación, tuvimos que caminar unos 20 minutos hasta llegar al puerto de La Spezia, desde donde cogeríamos el barco para la excursión de la mañana. Se trata de un paseo agradable por todo el centro de la ciudad de La Spezia.

Si hacéis como nosotros, probablemente llegaréis al puerto después de atravesar un parque. Pues bien, una vez lo paséis y estéis en el paseo marítimo, buscad la caseta de venta de tickets del Consorzio Marittimo Turistico – Cinque Terre – Golfo dei Poeti. Allí podréis adquirir el ticket para el crucero, pero tened en cuenta que hay dos colas: la de comprar el ticket, y la de subir al barco una vez hayáis comprado el ticket. Aseguraos de estar en la cola correcta en todo momento para evitar dramas.

Hay varias opciones de ticket para el barco:

  • una es el ticket diario, que funciona como el ticket del tren del día anterior, es decir, tenéis derecho a hacer todos los viajes y todos los recorridos que quieras en barco entre los pueblos durante todo el día, e ir subiendo y bajando en los pueblos que os parezca bien. El precio de este ticket es de 35 euros por persona.
  • nosotros, sin embargo, especificamos que lo que queríamos hacer era simplemente ir de La Spezia a Monterosso sin bajar ni subir ni en ningún otro pueblo, y el ticket nos costó, si no recuerdo mal, 17 euros por persona.

 

En plena temporada alta, desde La Spezia solo hay 4 salidas de este barco: a las 9:15, a las 10:00, a las 11:15 y a las 12:15. Desde el siguiente pueblo del recorrido, Portovenere, hay muchas más, así que está bien tenerlo en cuenta.

Nosotros optamos por coger el que sale a las 10:00 de la mañana de La Spezia y llega a las 12:20 a Monterosso. Podéis consultar los horarios completos del barco aquí.

Se trata de un barco bastante grande, de dos pisos, con una pequeña zona interior, con banco corrido por todo el borde interior del barco y con hileras de asientos en toda la parte central. Iba lleno de gente. Nosotros optamos por sentarnos en el borde, en la parte delantera, y creo que hicimos bien para el tema de las fotos y de grabar.

Disfrutando del crucero y de las vistas

Disfrutando del crucero y de las vistas

La primera parte del recorrido en barco es bonita, pero no tiene ningún interés especial hasta que, al cabo de una hora de navegación, a eso de las 11, llegamos a nuestra primera parada: Portovenere. Este pueblo no forma parte de los Cinque Terre (por distancia, supongo), pero tiene exactamente el mismo encanto y el mismo atractivo que los cinco famosos pueblos. Es el único municipio de la zona que no pudimos visitar por tierra a nuestro aire, solo lo vimos desde el mar, y es una lástima, porque nos pareció precioso.

Portovenere: simplemente preciosa

Portovenere: simplemente preciosa

Desde el mar, aparece ante nuestros ojos como una sucesión de casitas de colores en fila india, muy apretaditas, y a la misma orilla del Mar Mediterráneo. En la zona más alta se puede ver una iglesia y una zona amurallada, todo ello rodeado de verde y, justo al pasar el pueblo, en el pico de la península que bordeamos con el barco, hay otra pequeña iglesia, la Chiesa de San Pietro, que está construida en el estilo típico genovés, con franjas horizontales alternas de mármol blanco y negro, además de algún tipo de fortaleza, ambas ubicadas sobre la roca de color oscuro típica de la zona. El pueblo en sí es encantador, pero esta última zona de la península es además impactante y misteriosa, muy Juego de Tronos 😍

La zona épica de Portovenere

La zona épica de Portovenere

Una vez pasamos la bonita Portovenere, seguimos navegando, y a eso de las 11:35 llegamos al primero de los Cinque Terre: Riomaggiore. Empezamos a verlo de lejos y nos vamos acercando más y más hasta atracar junto a la zona del puerto principal. A medida que nos acercamos las vistas son cada vez mejores, y podemos disfrutar de la imagen de las casitas de colores prácticamente inclinándose sobre nosotros… ¡una pasada! La gente sube y baja del barco, y nosotros seguimos con nuestro recorrido, rumbo al segundo de los pueblos: Manarola.

Tras unos 15 minutos más de navegación llegamos a Manarola, y tenemos la misma historia: vistas espectaculares del pueblecito desde el mar, trasiego de gente y seguimos con la navegación sin perder mucho más tiempo.

El siguiente pueblo sería Corniglia, pero al no tener acceso al mar, el barco en este pueblo no para. De hecho solo lo vemos de lejos, porque el crucero ni se acerca a la costa. A los 15 minutos de haber abandonado Manarola llegamos al cuatro de los Cinque Terre: Vernazza, que es uno de los dos que todavía nos faltaban por ver. Vernazza presenta un aspecto imponente, con unos acantilados de roca muy oscura y muy verticales esculpidos por el viento y por el mar. Estos acantilados están cubiertos de terrazas con sombrillas y, más allá, empiezan a verse las casitas de colores. Este pueblo da la impresión de ser especialmente pequeño y cuco. La gente vuelve a subir y bajar del barco y, después, este reanuda su camino.

Los imponentes acantilados de Vernazza

Los imponentes acantilados de Vernazza

Y, por último, tras 15 minutos más de navegación, a eso de las 12:20 del mediodía, llegamos a nuestro destino: Monterosso, el último que nos quedaba por ver, el más grande y el más turístico. Spoiler: probablemente por esos motivos precisamente, fue tal vez el que menos me gustó, aunque aun así no deja de ser un lugar precioso. Una vez atracó el barco en el puerto de Monterosso, bajamos a tierra firme y nos dispusimos a explorarlo a nuestro a aire a pie.

Monterosso visto desde el mar

Monterosso visto desde el mar

 

TIPS PARA EL CRUCERO: En el barco no hay donde esconderte, no hay toldos y no hay sombras; además, con el agua del mar y tal el sol pega muchísimo. Entonces, no hagáis como nosotros y os olvidéis la crema del sol en casa (tampoco había donde comprar una nueva, claro), porque entonces lo pasaréis realmente mal 😭 Como consecuencia de este paseo en barco, que con la tontería son casi dos horas y media al sol, nosotros estuvimos quemadísimos para el resto de las vacaciones, cosa que no fue para nada divertida. Incluso un sombrero, un pañuelo para la cabeza o una gorra no hubiesen venido mal. Parece de cajón, ¿no? Pues lo es, pero ¿qué queréis que os diga? De vez en cuando tenemos estas cosas…

Lo que si llevábamos (¡bien ahí, Débora y Félix!), fue agua, cosa que también os recomiendo mucho que llevéis con vosotros, porque menudo calor y menuda sed…

 

Monterosso

Como os decía, bajamos del barco y nos dispusimos a explorar el pueblo más turístico y más playero de Cinque Terre, el último, el más alejado de La Spezia: Monterosso.

Se trata del pueblo que tiene una extensión más grande de playa de todos los de la zona, y esta playa tiene todo tipo de servicios y está totalmente equipada: está plagada de sombrillas y tumbonas (para alquilar, me imagino), todas iguales; hay casetas con baños, cambiadores, duchas, etc. Es el pueblo que ofrece una mayor cantidad y variedad de hoteles y restaurantes.

Toda la costa es playera, apenas hay un espacio dedicado a los barcos: según lo que vi, solo la zona donde atracamos nosotros, al final de la zona de baño.

Monterosso desde el embarcadero

Monterosso desde el embarcadero

La playa en sí es preciosa, pero sinceramente para mí pierde encanto con tanta explotación, aunque entiendo que es práctico para el que le guste pasar el día en la playa y la comodidad. El pueblo es bastante más grande que el resto, tal vez con la excepción de Riomaggiore, que también es grandecito, pero también es más plano que los otros: no está tan encaramado a los acantilados con el resto, sino que se extiende más a pie de playa.

Por supuesto, esta larga playa estaba abarrotada de gente, apenas cabía un alma en la arena y, sinceramente, nosotros no llegamos ni a pisarla: nos limitamos a recorrer el paseo marítimo y a seguir explorando el pueblo. En un extremo de la playa podremos ver también la estatua del gigante, una enorme estatua de roca con forma humana incrustada en el acantilado y con una altura de 14 metros.

Monterosso, precioso a pesar de su explotación

Monterosso, precioso a pesar de su explotación

Las estrechas callejuelas empedradas y las pequeñas placitas de Monterosso son bonitas, tienen ese encanto de Cinque Terre. Por supuesto, están repletas de negocios enfocados al turismo: restaurantes, cafeterías, heladerías, hostales y hoteles y tiendas de souvenirs y productos típicos. Hablando de productos típicos: Monterosso está rodeado de huertos de limoneros, así que cualquier producto derivado del limón es típico de la zona, desde el licor Limoncino o los granizados de limón caseros, hasta jabones y otros productos de baño y de hogar con aroma a limón. ¡El limón es el aroma oficial del pueblo!

Mar de sombrillas en Monterosso

Mar de sombrillas en Monterosso

Estuvimos callejeando y explorando un rato, pero hacía muchísimo calor, y además con la socarrina que llevábamos del barco, acabamos buscando un sitio medio fresco para comer. Al final encontramos una minúscula terracita improvisada en una estrecha callejuela donde daba la sombra y donde corría algo de aire, ya que estaba en una intersección, y no nos lo pensamos: dos platazos de pasta y dos buenas jarras de cerveza. Para que lo sepáis, el pesto es bastante típico de esta zona, y el que comí yo estaba de vicio, así que puede ser una buena opción. Una cosa que nos sorprendió en general fueron los precios, que no eran para nada tan caros como nos los esperábamos en un lugar tan turístico como Cinque Terre. Eran totalmente razonables, me imagino que por la gran cantidad de sitios y toda la competencia que hay, cosa que siempre se agradece.

Pasando calor en Monterosso

Pasando calor en Monterosso

Después de comer y descansar un poco, no podía faltar un gelatto italiano como postre y, al terminarlo, decidimos ir a por el último pueblo que nos faltaba: Vernazza. Para ello, teníamos que retroceder hacia La Spezia, por lo que el tren que había que coger era el cercanías con dirección a La Spezia. La estación de Monterosso está en el centro del pueblo, así que no problem.

Vernazza

Tras un breve trayecto de 4 minutos en tren, llegamos al último pueblo que nos faltaba por ver: Vernazza. La estación, de nuevo está en pleno centro del pueblo y, desde allí, baja la calle principal de la población que lleva directamente a la orilla del mar, más concretamente, a una pequeña playa que también hace las veces de puerto pesquero.

La increíble Vernazza

La increíble Vernazza

A los pies de la playa hay una pequeña plaza, y en toda esta zona es donde se desarrolla la actividad principal y la vida del pueblo: hay un pequeño paseo marítimo a mano izquierda si miramos al mar, que bordea la playa por ese lado; podemos encontrar una pequeña iglesia del S. XIV al mismo pie de la playa; si continuamos hacia la derecha, una vez termina la playita, empieza toda una zona de grandes rocas planas, ideales también para los numerosos bañistas, que quedan cobijadas a las faldas de unas murallas que son ruinas de un antiguo castillo del S. XI.

Paseo marítimo y playita de Vernazza

Paseo marítimo y playita de Vernazza

Si a todo esto le añadimos los ya típicos acantilados de piedra negra a ambos lados de la playa, repletos de terrazas que ofrecen vistas espectaculares al pueblo y a la bahía, tenemos todos los ingredientes para un lugar encantador, casi de película. Vernazza tiene un aire decadente y antiguo que le dan un toque bastante especial.

Zonas de rocas bajo las murallas

Zonas de rocas bajo las murallas

Con la espectacular Vernazza como guinda del pastel finalizamos nuestro tour de dos días por los Cinque Terre, y ya agotados por el sol, el calor, las caminatas y las multitudes, decidimos volver a casa a descansar y (bien lo sabéis)… ¡a la piscina!

Vernazza y su aire decadente y antiguo

Vernazza y su aire decadente y antiguo

Para ello cogimos por última vez el tren de cercanías en dirección a La Spezia, hicimos la parada de rigor en el Carrefour Express de al lado de la estación para comprar algo de cenar y (¡muy importante!) aftersun, y nos volvimos para casa. Esta vez cenamos en una de las mesas con sofás de exteriores que había junto a la piscina, solos de nuevo, y nos pegamos ese bañito que tanto nos habíamos ganado y que tanto necesitábamos para refrescar nuestra piel totalmente quemada por el sol.

Aquí os dejo una captura de pantalla (un tanto cutre, por el mismo motivo que he explicado antes y porque me ha tocado dibujar el trayecto del barco a mano) del recorrido de este segundo día:

Cinque Terre día 2

Cinque Terre día 2

 

Información adicional

Senderos entre los pueblos

Aparte de en tren y en barco, es posible recorrer la distancia que separa los diferentes pueblos también a pie, ya que están todos unidos por senderos. De hecho, esta era nuestra intención original y, aunque era buen palizón, nos apetecía mucho hacerlo. Sin embargo, leímos que buena parte de estos senderos están cerrados en la actualidad por derrumbamientos, y que así van a permanecer unos pocos años. ¡Lástima!

En concreto es famoso el tramo que va de Riomaggiore a Manarola, llamado la Via dell’Amore y, por lo visto, se trata de un paseo totalmente encantador y romántico, pero nos quedamos con las ganas de verlo. En caso de que queráis ir y ya estuviesen abiertos, tened en cuenta que hay que comprar un ticket para poder transitar por estos senderos. Es el mismo principio que el ticket diario de tren o de barco de los que os he hablado: os daría derecho a recorrer todos los senderos y todas las rutas que quisieseis a lo largo del día, y hasta creo que hay tickets combinados de sendero y de trenes.

Para que os hagáis una idea de las distancias de las que estamos hablando:

  • recorrido completo (de Riomaggiore a Monterosso): 14,6 km / 7 h 15 minutos
  • Via dell’Amore (de Riomaggiore a Manarola): 1, 5 km / 1 hora

 

Podéis consultar más información sobre estos senderos aquí y aquí.

Feliz en Manarola

Feliz en Manarola

 

Billetes de tren individuales

Como ya os he contado, para el primer día cogimos un ticket diario con el que teníamos todos los trenes incluidos durante toda la jornada. Sin embargo, para el segundo día, como toda la ida desde La Spezia hasta Monterosso la íbamos a hacer en barco, decidimos visitar el último pueblo que nos quedaba y posteriormente volver a casa comprando billetes para los trayectos individuales.

El precio de cada billete es de 4 euros, y da igual el recorrido que hagas y la distancia que implique ese recorrido: siempre son 4 euros. Por ejemplo, de Monterosso a Vernazza, que están uno al lado del otro y el tren tarda 4 minutos en llegar, el precio del billete es 4 euros; por otra parte, de Vernazza a La Spezia, que están separados por una distancia mucho más larga y por muchos pueblos por en medio, el precio es también 4 euros.

Lo único que tenéis que hacer después de comprarlo es validar cada uno de estos tickets individuales en las máquinas que hay a tal efecto en las estaciones. Aviso de que hay muchos revisores y, si os pillan, multa al canto.

Manarola mágica...

Manarola mágica…

 

Decoro

Sí, ya sé que estamos en un lugar de vacaciones y turístico y todo lo que queráis, pero un poquito de educación, por favor. A los locales no les hace gracia que la gente vaya en bikini o en bañador sin camiseta por las calles de sus pueblos, cosa que me parece muy normal. Otra cosa son las zonas de baño, ahí obviamente nadie os dirá nada ni os mirará mal, pero por el pueblo en sí, paseando tranquilamente, tapaos un poquito, anda.

Yo es que empatizo porque, al ser menorquina, me he visto en situaciones similares: ver a extranjeros paseando por la calle principal de mi ciudad (no estamos hablando de ninguna urbanización ni nada parecido, sino de Mahón, la capital de la isla), ellas en bikini y ellos en bañador y sin camiseta, y pensar: “¿En serio?”. Si os vais a dar una vuelta o vais a entrar en algún establecimiento, poneos una camiseta o un vestidito, que no cuesta nada, y os ahorráis ganaros la hostilidad de los locales.

 

Bueno, pues hasta aquí el post de hoy. Me sabe mal acabar así un poco bordemente con el tema de la vestimenta 😂, así que voy a insistir en lo bonita que es la zona y en cuánto vale la pena la visita a Cinque Terre que, aunque obviamente es un destino muy turístico, tiene un encanto innegable que ni las hordas de turistas pueden hacer palidecer. Sencillamente, es imposible visitar Cinque Terre y no quedar prendad@ de su encanto, de su belleza y de esos aires de pueblecitos italianos que han quedado suspendidos en el tiempo. ¿Os animáis a visitar Cinque Terre? Os advierto que hacerlo es una actividad de alto riesgo, pues os robará el corazón ❤️

 

 

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