Las mejores cervezas clásicas del mundo

Las mejores cervezas clásicas del mundo
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¡Hola viajer@s!

Me llamo Félix, soy el marido y compañero de viajes de Débora, y este es mi primer post en Travelling la vida loca. Soy un amante de la cerveza: desde el primer momento que la probé me ha parecido una experiencia muy top. Mucha gente recuerda sus primeros tragos de cerveza como una mala experiencia y, en su momento, les pareció que esta bebida tenía un sabor desagradable; de hecho, hay mucha gente que no la vuelve a probar y se tira años (o incluso toda su vida) diciendo que no le gusta la cerveza. Pues bien, este no fue mi caso: yo la probé, me encantó y, desde entonces, a medida que fue pasando el tiempo, siempre he tenido interés en probar más cervezas y más estilos.

Antes de empezar me gustaría decir que soy de Castellón y resido en Castellón, por si hago referencia a alguna ubicación donde consigo o conseguía las cervezas, y también, antes de entrar en materia, os invito a que vayáis a la nevera y os saquéis una cervecita si vais a leer este post… ¡salud!

 

Los orígenes

Esta afición la empecé al 100% con mi colega Scott, que era otro friki de la cerveza. Scott estaba suscrito al Club de la Cerveza y cada mes le llegaban 12 cervezas, que solían ser de 2 cerveceras (6 de cada), y de esas 6 había 2 especiales, dígase bock, bruin, Christmas… Además, venían con sus copas, posavasos y fichas técnicas. ¡Poco tardé en suscribirme yo también, jeje! La verdad es que el paso de beber San Miguel, Cruzcampo o Mahou a estar con una Lindemans Cassis Lambic, una Hobgoblin, una Judas o una Malheur 10 fue bastante rápido: así empezó la colección de copas y las ceremonias con cada cervecita. Poco después ya conocí a Débora, por allá por el año 2000, y la primera quedada fue en una cervecería: una Grimbergen Optimo Bruno para mí y una Franziskaner para ella. Las quedadas en el Eldelweiss, en el Paddy Burke’s, en el Bierwinkel y en el Hemingway eran habituales, y siempre contábamos con un buen stock en casa para cuando la ocasión lo merecía.

Una cosa llevó a la otra y empezamos a atentar contra la fabricación de cerveza artesanal. La verdad, nunca tuvimos gracia, y nos parecía bastante laborioso el tema de esterilizar todo el material que se iba a utilizar en el proceso, pero aun así hicimos nuestros experimentos: cervezas con miel y sobrelupulizadas, intentos de blancas belgas, una porter con lactosa que mi primo Pablo tenía entre ceja y ceja, ideal para acompañar con un trozo de membrillo… ¡nos faltó meterle algarroba! En fin, un hobby como cualquier otro.

El ir a Alemania al festival Wacken Open Air y el hecho de que Débora se fuese de Erasmus a Hildesheim (Alemania) también te daba esa visión más amplia de las cervezas pils: la diferencia entre las cervezas nacionales y las Warsteiner, Bitburger, Löwenbräu, Spaten, Beck’s, (¡oh, Beck’s Gold! ¡Qué buenos recuerdos!) era abismal, y si te bebías alguna de trigo ya flipabas; vamos, las clásicas, como Paulaner, Erdinger, Franziskaner… Mención especial para las Hefe-Weizen Kristal, que son igual de gustosas pero mucho más ligeras.

Poco después nos fuimos a vivir a Irlanda, y en casi 3 años solo vimos una San Miguel en Londres y la tenían como algo gourmet a precio de oro. En esa época todo era un amplio abanico de cervezas industriales pero internacionales y diferentes entre ellas: Guinness, Stella Artois, Smithwick’s, Beamish, Foster’s, Carlsberg, Miller, Bud, Heineken o Kilkenny son solo ejemplos de cervezas no citadas anteriormente.

Pasó el tiempo y nuestra frecuencia viajera siguió aumentando, ¡un ejemplo de ello es que hemos estado 4 veces en Bélgica de turismo y de birreo a lo bárbaro! El hecho de viajar a países diferentes para nosotros es también una oportunidad de probar cervezas diferentes; por ejemplo, degustar una Fraoch en Escocia era uno de los sueños del aquel joven Félix de pelo largo, y es un sueño que se cumplió. Total, que seguimos así, hasta que un día: ¡BOOM! Pruebas algo de te deja loco, que te marea, que te cambia el concepto que tienes de la cerveza y te das cuenta de que todo lo que sabías está obsoleto. Bueno, no obsoleto, sino que no evoluciona, que es clásico y que siempre estará ahí. Recuerdo ir al Beer Attack de Villarreal, recomendado por mi compañero de trabajo Estanis, y al llegar me di cuenta de que había un montón de cervezas que ni me sonaban, y que Llorens, su propietario, era como una especie de gurú de la cerveza. Tenía pinchada la Hitachino Espresso Stout y me bebí dos pintazos porque no quería cambiar a otra cosa: había probado porters, stouts, imperial stouts y russian imperial stouts, he sido muy fan de la Samuel Smith, por ejemplo, pero es que la Espresso Stout con esa copa de color naranja, ese gusto a café y ese regusto a chocolate negro… ¡bufff! Pero, en todo momento, mientras disfrutaba de mi petróleo, veía de reojo como Llorens se bebía esa latita azul tan llamativa que ponía BREWDOG, PUNK IPA, que ya había visto por El Corte Inglés, y pensaba: “Menuda castaña de birra tiene que ser eso”. Sin embargo, al ver como se la bebía el propietario me dije: “Mañana me la compro”. Total, que me compré un 6 pack. Antes de describir cual fue mi sensación he de decir que ya había probado IPAs clásicas con anterioridad, la Martin’s IPA, la Brain Blasta y la Hop Head de Porterhouse, por ejemplo, pero es que probé la PUNK IPA y me voló la tapa de los sesos. Era pura resina, esos aromas tropicales, ese gusto amargo pero con toque de fruta con hueso, ¡45 IBUs! ¡Corre, saca el móvil y mira a ver que son los IBUs! ¡Jajajaja! Vamos, una locura. Si los castellonenses Tom Bombadil en su canción “Pepa” dicen: “Apareciste, Pepa, y lo otro se acabó”, para mí fue “Apareciste, IPA, y lo otro se acabó”.

Hasta aquí ha llegado mi explicación de lo que era mi mundo cervecero antes de conocer el lúpulo. En mi siguiente post hablaré de lo que pienso a día de hoy de la PUNK IPA y cómo avanzo con los nuevos estilos y las craft beers, pero de momento, después de esta amplia introducción en la que os he contado mi vida, literalmente, os dejo con la parte realmente importante de este post: un top 20 muy subjetivo y en ningún orden en concreto de lo que han sido mis birrones especiales durante más de 15 años, antes de ese día en el que probé mi primera Punk IPA y mi concepto de la cerveza cambió para siempre.



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Mis 20 cervezas clásicas favoritas (antes de probar la Punk IPA)

Barbar Bock

Siempre fui muy fan de la Barbar y, en su día, los colegas me regalaron una enciclopedia de la cerveza que tenía más estudiada que cualquier asignatura que haya estudiado en mi vida. Pues ahí estaba la Barbar Winter Bock, otra variedad diferente a la Barbar básica, y me moría de ganas de probarla. Parecía una utopía encontrarla; pues bien, fuimos a Bruselas y, en frente del Manneken Pis está la cervecería Poechenellekelder; entramos y… ¡estaba pinchada de barril! ¡Qué espectáculo! ¡Pedí directamente 2! ¡Jajajaja!! La llaman “el descanso del guerrero”, y se trata de una Belgian Strong Ale, negra/rojo rubí, con 2,5% de miel y notas a ciruela, bastante especiada, 8% de alcohol: una cerveza muy especial para mí.

Barbar Winter Bock en el Poechenellekelder de Bruselas, 2007

Barbar Winter Bock en el Poechenellekelder de Bruselas, 2007

 

Trappistes Rochefort 10

A ver, ¿qué queréis que os cuente de este birrón? Top 10 en www.ratebeer.com, una de las mejores cervezas del mundo, la favorita de José Manuel, mi suegro, y más de una vez la hemos saboreado en la misma mesa, ¡qué birra! Dos décadas bebiendo esta cerveza en casa, en pubs, de barril en Brujas… Pura clase y con unos efectos secundarios fantásticos. Se trata de una Quadrupel negra con un montón de matices que dejo a tu elección, es un brebaje complejo, 11,3% muy, muy bien integrados.

Mítica Trappistes Rochefort 10 en el 't Brugs Beertje (Brujas, 2013)

Mítica Trappistes Rochefort 10 en el ‘t Brugs Beertje (Brujas, 2013)

 

Kronenbourg 1664 Blanc

Si no la habéis probado os preguntaréis: ¿Kronenbourg? Pues sí, soy muy fan de las cervezas blancas belgas (aunque esta en concreto es francesa) y esta la probé en Londres, allá por el 2007, y me quedé a cuadros. Es un zumito, me hace mucha gracia que me recuerde al Frutopía de piña, ¡jajajaja! Por desgracia en Castellón no se puede encontrar; la trajeron una temporada al Carrefour y desapareció, y aún estoy indignado… Estamos hablando de un Witbier, con más toque a limón que a naranja, que es lo suele ser habitual en el estilo, 5% y muy facilona.

Kronenbourg Blanc, en el atasco para entrar al festival Graspop (Bélgica, 2013)

Kronenbourg Blanc, en el atasco para entrar al festival Graspop (Bélgica, 2013)

 

Fuller’s London Porter

PORTER, PORTER y PORTER, todo un clasicazo. Si la pruebas y no te gusta, no hace falta que vuelvas a probar otra porter en tu vida. Muy accesible, la compro de normal en Alcampo. Hay que dejarla atemperar para apreciar todo ese chocolate y café, con cierto aroma a caramelo, baja carbonatación, más negra difícil, 5,4%: todo un clásico para cualquier época del año.

Fuller's London Porter, para cualquier época del año

Fuller’s London Porter, para cualquier época del año

 

Grimbergen Optimo Bruno

¿Por qué ya no se comercializa en grandes superficies? Que alguien me lo explique, ¡aaarrgghhh! Benditos los tiempos cuando por cuatro duros te comprabas un pack con las 5 Grimbergens con su copa, abridor y posavasos: Blonde, Double, Triple, Cuvee de l’Ermitage y ¡OPTIMO BRUNO! Las otras siguen siendo fáciles de comprar, pero la mejor ha desaparecido: la cerveza que me bebí en mi primera cita con Débora en el Colonial, en diciembre del 2000. Es un trallazo, Quadrupel, oscura, matices de pasas, moscatel, ciruela, 10% no muy disimulados, grandes efectos secundarios… ¡comprobado!

Optimo Bruno, con su diseño antiguo

Optimo Bruno, con su diseño antiguo

 

Schneider Aventinus Weizen-Eisbock

Parece que la cosa va de trallazos: ideal para el día más frío del año, una de mis cervezas cañeras favoritas. Durante muchos años llevo un plan con esta cerveza, y es el siguiente: cada vez que voy a Alcampo compro una para que se vea en las estadísticas que alguien la compra, porque no quiero que desaparezca. Débora se parte de mi plan, pero yo creo que funciona. Hubo una época en la que la dejaron de traer y me deprimí, pero volvió y yo sigo con mi plan. Es una Eisbock, una versión más cañera de las Bock dobles (por lo visto se enfrían las Bocks dobles y se separa lo congelado para dejar la porción más alcohólica), muy compleja de gusto y dulce. ¿Clavo? ¿Vino? ¿Toffee? ¡Tú decides! Y de color, como dijo mi colega el Simal en una cata, “¿Esto que es, del fondo de la balsa?”. Efectivamente, tiene un color turbio, oscuro y enfermizo, 12% tiene el angelito… Un show de birra.

Nunca me falta en casa una Schneider Weisse Aventinus Eisbock

Nunca me falta en casa una Schneider Weisse Aventinus Eisbock

 

Voll Damm

Todo un clásico, una birra agresiva y muy efectiva. Beberla de barril en el Racó d’Iván con mis cuñados, en cenas de colegas, con Débora cuando intentamos montar una escapada, leyendo la prensa tranquilamente después de limpiar la casa, con mi hermano Jesús hablando básquet y fútbol, y mil ejemplos de situaciones más, es un placer cotidiano de la vida. E insisto, siempre de barril en el Racó de Iván, con un mix de frutos secos y unas aceitunas, ¡qué clasicazo! Vamos a la birra: 0 complejidad, una Märzen doble, cierto punto de amargor/acidez, maltosa, de color cobrizo y con buena copa, 7,2%: te pone rápido al terreno.

El día a día: un tanque de Voll Damm en el Racó d'Iván

El día a día: un tanque de Voll Damm en el Racó d’Iván

 

Newcastle Brown

“The Dog”, me encanta el concepto. Le llaman “el perro” porque es la excusa perfecta para tomarse una birrilla: “Voy a sacar al perro” y, de paso, cerveza al canto. Mis respetos para el condado de Yorkshire y, de paso, para el Sunderland AFC. La verdad es que dudaba si mencionar la Newcastle Brown o la Marston’s Pedigree, una bitter cojonuda… Vamos a la birra que yo solito me emociono: Brown Ale, clásica, maltas caramelo, un pelín especiada, muy ligera de cuerpo, 4,7% y un dato que me marea sobre esta cerveza: botella transparente, un poco contraproducente ya que la luz degrada la cerveza.

Con mi hermano Jesús compartiendo una Newcastle Brown

Con mi hermano Jesús compartiendo una Newcastle Brown

 

Gordon Finest Scotch

También conocida como MC Douglas Scotch Ale, hasta que en 2006 le cambiaron el nombre y le bajaron la graduación. En fin, no sé por dónde empezar. La Douglas… el Sagrado Club de la Douglas, cerveza de hooligan, con efectos alucinógenos. Qué rápido entraba la primera, y a saber qué pasaba después, ¡una locura! Cuántas reuniones de “Orsos” en el Bierwinkel, a reventar barriles de Douglas. Es que no puedo ni mencionar las anécdotas que han generado sus efectos psicotrópicos, éramos jóvenes y con un hígado de hierro, ¡jejeje! La Douglas es una Scotch Ale rojo rubí, alcohólica en boca, caramelo, frutos rojos, cuerpo medio, antiguamente 8,6%, a día de hoy 8,0%. Ha marcado la juventud de un buen grupo de colegas, miedo me daría una quedada a día de hoy en las mismas condiciones.

Bebiendo una Douglas y de picoteo con mi colega Filippo

Bebiendo una Douglas y de picoteo con mi colega Filippo

 

Tripel Karmeliet

Sobran las palabras… Un lujo de cerveza y, quizás sean manías mías, pero creo que sabe mejor en botella de 75 cl. que en la de 33 cl. Nunca me falta una en la despensa de casa, las compro en Makro por un precio inferior a 6 euros. Cada vez que abres una botella, siempre piensas: “¡Qué pedazo de birrón!”. Para mí es, sin duda, la mejor Triple del mercado. De color amarillo con cierta turbidez debido al trigo y la cremosidad de la avena, toques de vainilla, plátano y cítricos, 8,4% muy redondos. Solo le pongo un pero: está tan buena y tiene el alcohol tan integrado que puede resultar peligrosa porque te la bebes como si fuese una pils.

Triple Karmeliet en el Lupulove

Triple Karmeliet en el Lupulove

 

Diebels Alt

Me encanta, una cerveza ideal para beber en los típicos metros de cerveza que te sirven en Alemania. Fácil de beber y gustosa, quizá el que sea una de las cervezas favoritas de Tom Angelripper, del grupo alemán Onkel Tom, y que le haya ido dando bombo en cuanto a marketing y música haya hecho que se consolide entre mis favoritas del estilo, por encima de la Schlösser Alt, que también me chifla. La cerveza es un Altbier, lo que viene a ser la versión alemana de las Ale inglesas, de color cobrizo y regusto dulzón, 4,9%: una gran cerveza.

Metro de Diebels Alt con Daniel en Frankfurt (2014)

Metro de Diebels Alt con Daniel en Frankfurt (2014)

 

Guinness Draught

Aquí me toca ponerme serio. Muy, muy fan de la Guinness, grandes fiestas de Saint Patrick con Débora en el Paddy Burke’s de Castellón a principios de la década de los 2000, flipando con esta birra de barril. Esto hizo que Irlanda se me metiese entre ceja y ceja: su cerveza, sus pubs, su música, su naturaleza, sus castillos, su gente… Total, que nos tocó dejarlo todo e irnos a vivir a Irlanda, ¡jajajajaja! Hay que decir que es una cerveza que no le sienta bien viajar, y no contemplo beberla de botella o lata, a no ser que sea la Export. No solo le sienta mal el viajar, sino que en la misma Irlanda te puedes encontrar pintas de Guinness que son basura, pero en los sitios donde de verdad está buena, es un escándalo. En Dublín es un placer beberla en el McDaids y en el Brazen Head, aunque en otros pubs tradicionales también la tienen muy buena. ¡Oh! ¡Cómo estaba en el Bachelor Inn antes de su remodelación y cambio de dueños! Y, por supuesto, en la Guinness Storehouse, en el Gravity Bar, toda una experiencia. Es una Dry Stout, marrón oscura, nitrogenada y con maltas tostadas, con una copa de pura crema, 4,2%. Otra cosa que no olvidarás es su terrible resaca en forma de dolor de cabeza al día siguiente, dicen que por su alto contenido en hierro.

Pinta de Guinness en el Gravity Bar de la fábrica Guinness en Dublín

Pinta de Guinness en el Gravity Bar de la fábrica Guinness en Dublín

 

Pauwel Kwak

Lo primero que te viene a la cabeza de esta cerveza es su vaso en forma de “bocina”, que necesita un soporte de madera para poder aguantarse. Si tienes la suerte de verlo en formato de litro o más grande, ya alucinas, o las tablas de Kwak con 6 vasos… ¡la verdad es que se sale! Dicen que ese diseño era especial para los mercaderes que iban en carro de caballos, para su facilidad de agarre con los guantes que llevaban y para mayor estabilidad. Pero vamos, que la cerveza le hace justicia a lo llamativo de su vaso. Es una Belgian Strong Ale, muy dulce, con aroma a frutos secos, de color rojiza y turbia, 8,4%: siempre hace fiesta en una buena birreada.

Una Kwak en su peculiar vaso en la Grote Markt de Brujas, (Bélgica, 2007)

Una Kwak en su peculiar vaso en la Grote Markt de Brujas, (Bélgica, 2007)



 

Orval

Una cerveza exclusiva, modelo único de la Brasserie d’Orval. Con un diseño sencillo pero a la vez enigmático, con la trucha que lleva el anillo de oro en la boca, haciendo referencia a cómo ese pececito rescató el anillo de la condesa Mathilde cuando lo perdió en la fuente que, a día de hoy, alimenta al monasterio y a la cervecería… ¡Qué movidas, jajajaja! Muy recomendable beberla en Bélgica acompañada de unos quesos y unas mermeladas de la misma abadía y en su respectivo cáliz. Es curioso ver cómo en las cartas de las cervecerías la puedes pedir en función de la añada, como si de un vino se tratase. La cerveza es un a Belgian Ale, muy aromática y herbal, con un dry hopping entre la primera y la segunda fermentación, cobriza, 6,2% en función de su evolución en el tiempo. Esta cerveza simplemente está muy buena.

Disfrutando de una Orval del año 2002 (Bruselas, 2007)

Disfrutando de una Orval del año 2002 (Bruselas, 2007)

 

Hoegaarden

Como ya dije cuando hablé de la Kronenbourg 1664 Blanc, las Witbier son cervezas que me parece que tienen un puntazo. El trigo les da buen cuerpo y cremosidad, tienen una elevada turbidez, ese puntito herbal del cilantro y el toque cítrico de la piel de naranja. Son bastante similares entre ellas en el estilo, cervezas como La Blanche de Namur, Wieckse Witte, Brugs, Steendonk, Charleroi, Ambar Caesaraugusta, La Trappe y Grimbergen Blanche. Estas dos últimas, al ser de abadía y tener algo más de alcohol, son algo más curiosas, pero me quedo con la Hoegaarden, porque durante mi estancia en Dublín la hice polvo de barril, porque por poco más de 1 euro la puedes conseguir en cualquier gran superficie, porque coger ese vaso tan imponente y ponerle una rodaja de limón es un ritual que ya de por sí vale la pena… Con 4,9% que ni se notan. Si os mola la Witbier y algún día veis la versión Rosée de frutos rojos, probadla: es un zumito con un 3%. Si no os van las blancas, ni os acerquéis, ¡jajajajaa!

Pintas de Hoegaarden en el Bruxelles (Dublín) con Débora, Elena y Gabi

Pintas de Hoegaarden en el Bruxelles (Dublín) con Débora, Elena y Gabi (Dublín, 2007)

 

La Chouffe

Un clasicazo, no me creo que no la hayáis visto en cualquier super, tienda o cervecería y que el enano bonachón de su etiqueta no os haya incitado a probarla. Creo que toda primera vez viene por el diseño, pero es que cuando la pruebas te das cuenta de que no es una cerveza normal, de que es una birra con mucha personalidad y complejidad. Estamos hablando de una Belgian Strong Ale, doble fermentación, dulzor y especias muy bien armonizadas, con un color un poquito más cobrizo que una blonde, 8%: una birra muy digna y al alcance de todos.

Una Chouffe de 75 cl: una auténtica maravilla

Una Chouffe de 75 cl: una auténtica maravilla

 

Chimay Red

Antes de comentar esta birra, quiero decir que todo lo que hace Chimay está muy rico, y es difícil elegir una en concreto. La Blonde y la Blue son geniales, pero yo me quedo con la roja, quizá porque es la que probé antes o la que he bebido más veces, pero es que no me cansa. Es ideal para esos primeros días de frío otoñal, para acompañar con unos quesos o unos patés. Se trata de una cerveza doble de abadía, Brown Ale, con un color similar al de la etiqueta, muy pronunciado el caramelo en su sabor, 7%: una buena birra para introducirse en el mundo de las cervezas belgas.

P.D.: Tengo en mi pequeña bodega una Chimay Grande Resérve 2016, en formato 1,5 l, cortesía de nuestros colegas del Castelló Beer Factory, Antonio, Xuso y Víctor, que nos la regalaron para la boda. Me muero de ganas de probarla, pero al mismo tiempo quiero que madure… El 2018 seguro que lo ve entrar.

Jugando con mi stock de Chimays

Jugando con mi stock de Chimays

 

Reissdorf Kölsh

Tocará poner alguna cerveza un poco light también, ¿no? ¿Qué tal una Kölsch típica de Colonia? Me gusta este estilo, una cerveza clara, de alta efervescencia y un ligero toque más de lúpulo para diferenciarla de las Lager. Con 4,8%, beberla a los pies de la inmensa catedral de Colonia es una gran experiencia.

Reissdorf Kölsch, de toda la vida

Reissdorf Kölsch, de toda la vida

Budejovicky Budwar

Aquí he tenido serios problemas para decidirme por la cerveza que iba a representar a la República Checa. Las Pilsner checas son buenísimas, muy top, y si las pruebas sin filtrar ni pasteurizar, mejor aún. Staropramen, Gambrinus o Pilsner Urquell son referencias a nivel mundial, pero me decanto por la Budejovicky Budwar, lo que viene a ser la Budweiser Budwar que se exporta al resto de Europa. Esta Pilsner se diferencia un poco de las demás por ser un poco más dulzona, pero sigue manteniendo ese regusto seco y amargo del estilo checo, 5%: una delicia cuando aprieta el calor y necesitas tirar de cerveza rubia.

Budejovicky Budwar, un clásico fácil de conseguir

Budejovicky Budwar, un clásico fácil de conseguir

 

Pietra

Y, para terminar, una cerveza curiosa. La Pietra es de Córcega, y de allí son muy típicas las castañas. Pues esta cerveza incorpora harina de castaña y eso le da cierta personalidad. En su época parecía bastante experimental y exótica. La cerveza en sí es una Amber, con aromas a caramelo pero cierto regusto final amargo, 6%: una cerveza diferente.

La siempre curiosa Pietra, de Córcega

La siempre curiosa Pietra, de Córcega

 

La verdad es que hacer este top 20 no ha sido nada fácil, he dejado birrones fuera del top que me gustaría mencionar, por ejemplo no hay ningún modelo de Leffe, cuando la Bruin, la Royal y la Honey, están muy buenas; si te gusta la miel la Bourganel au miel de Chataignier es un espectáculo; no mencionar la Kozel Dark es inadmisible; al igual que la Duvel, la Hapkin, la Satan Red, la Cuvée des Trols, la Judas, la Grolsch con su característica botella verde y cierre de gaseosa  o la mítica Delirium Tremens; y ¿qué decir de los trallazos de Kasteel o Gulden Draak? La Biere de Miel: ¡para flipar! Y, por último, quiero añadir que la cerveza nacional de la que suelo tirar es la Alhambra 1925, ¡pues no pasan rápido ni nada esas botellitas verdes!

¿Y vosotr@s qué? ¿Cuál es vuestra cerveza favorita? ¿Conocéis todas las que he mencionado en el post? ¿Os ha llamado alguna la atención en especial? Llegados a este punto, solo me queda una cosa más por decir: Sláinte!!!!

 

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