Fin de semana en Lisboa – Despedida de soltera a.k.a Travelling la vida loca with friends

Fin de semana en Lisboa
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¡Hola, viajer@s!

Hoy vengo a hablaros del fin de semana sorpresa que pasé en Lisboa hace un par de semanas. ¿Que cómo acabé en Lisboa, así, de sorpresa? Pues veréis, resulta que fui engañada, o incluso traicionada, diría yo, por mis amigas 😜

 

La traición

En el momento de escribir este post, queda solo una semana para el día en que Félix y yo nos casamos, así que mis amigas Vane, Meri y Cris decidieron montarme una despedida de soltera. Durante el mes anterior al fin de semana en cuestión me fueron dando sobres con pistas sobre los detalles de la despedida:

  • en el primer sobre había las piezas de un puzzle que formaban un billete de tren Castellón-Madrid, donde vive Vane, con lo cual supe la fecha del evento y, en principio, el destino
  • en el segundo sobre había las piezas de un puzzle que formaban una foto de nosotras cuatro, con lo cual supe quiénes nos íbamos de fiesta ese fin de semana
  • en el tercer sobre había mi propia checklist de Travelling la vida loca para hacer la maleta (que podéis conseguir simplemente suscribiéndoos al blog en el formulario que encontraréis tanto al final de cualquier post, como este mismo, como en la barra lateral derecha) rellenada con todo lo que necesitaba para el viaje
  • en el cuarto sobre, que me lo dieron ya el día en cuestión una vez me habían llevado a traición al aeropuerto en lugar de a casa de Vane, había otro puzzle con elementos típicos del destino al que íbamos a ir, y que tuve que adivinar. Como había figuritas de gallos y tranvías, entre otras cosas, estoy orgullosa de decir que, sin haber estado antes en Lisboa, adiviné en seguida a dónde nos íbamos ✌️

Por eso, querid@s viajer@s, os decía que había ido a Lisboa engañada e incluso traicionada, porque lo que me habían dado a entender era que nos íbamos el fin de semana a Madrid. ¡Las odié y las quise mucho a la vez en aquel momento! ¡Jajaja! Normalmente yo soy la organizadora de los viajes y los planes, y la verdad es que ir a ciegas sin ningún control sobre lo que iba a pasar durante el fin de semana lo llevé un poco mal, sobre todo los días anteriores al día D, pero bueno, he de decir que mi ansiedad estaba totalmente injustificada porque mis amigas se curraron un planazo increíble y el fin de semana salió redondo.

En el aeropuerto de Barajas, a punto de coger el avión para Lisboa

En el aeropuerto de Barajas, a punto de coger el avión para Lisboa

 

Día 1 – La fiesta

Bien, pues el vuelo de Madrid a Lisboa dura aproximadamente una hora. Hablemos un poquito sobre esta ciudad a modo de introducción: Lisboa es la capital de Portugal, y se encuentra en la costa del Océano Atlántico, en la margen derecha del estuario del Tajo. El centro histórico se compone de siete colinas, siendo algunas de las calles demasiado empinadas para permitir el paso de vehículos. La capital cuenta con algo más de medio millón de habitantes y se trata de una de las capitales europeas más cálidas. Desde luego, a nosotras nos hizo muchísimo calor: para ser principios de abril, de día pasamos calor yendo simplemente en manga corta y de noche con una chaquetita fina sobre la manga corta y un pañuelo al cuello íbamos estupendamente.

Las vistas del estuario del Tajo desde el avión

Las vistas del estuario del Tajo desde el avión

Nada más salir del Aeropuerto Humberto Delgado de Lisboa hay una parada de metro, y allí nos metimos para averiguar cómo llegar al centro de la ciudad. Existen diferentes opciones de tarjeta de transporte público: nosotras al final optamos por la tarjeta Zapping que vale 50 céntimos la tarjeta en sí, luego la recargas con la cantidad de dinero que quieras, y de ese crédito te van descontando el precio de los viajes a medida que vas usando la tarjeta. Además, de esta manera, los viajes salen por un precio menor que los viajes individuales comprados en el momento. Nosotros compramos una cada una y pusimos 10 euros de crédito por persona; con esto tuvimos para todo el fin de semana, aunque es verdad que optamos por caminar bastante y no usamos mucho el transporte público. Con esta tarjeta puedes usar el tranvía, los autobuses, el metro y hasta los barcos que navegan por el Tajo en plan transporte público.

Una vez tuvimos nuestra tarjeta de transporte público, cogimos el metro del aeropuerto hasta la parada de Cais do Sodré, que es la zona donde las chicas habían alquilado un apartamentito. Este trayecto, que pagamos con la tarjeta Zapping, claro, tardó tal vez unos 30 minutos y tuvimos que hacer solo un transbordo. Por lo tanto, ir al centro desde el aeropuerto es fácil, rápido y barato con el metro.



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El apartamento estaba en el edificio Portugal Ways Santos Azulejos Apartments, a 10 minutos caminando de la parada de metro de Cais do Sodré, y la verdad es que era una monada de sitio. Se trata de un edificio tradicional, de los que tienen toda la fachada cubierta de azulejos antiguos, pero por dentro, los apartamentos están totalmente reformados y son una maravilla: bonitos, amplios, luminosos, perfectamente equipados, camas cómodas, entrada tanto al edificio como al apartamento con código secreto… ¡y además baratos! Estábamos encantadas con nuestro hogar para el fin de semana que, además, para seguir añadiendo ventajas, estaba muy bien situado. Para cuando llegamos al apartamento, dejamos los trastos y nos preparamos para salir, eran ya las 6 o las 7 de la tarde y estábamos súper acaloradas del tiempo tan bueno que nos hacía y de cargar con las maletas hasta el apartamento, así que al salir del apartamento nos sentamos en la primera terraza que vimos de camino al centro. Resultó ser la plaza Dom Luís I, y nos tomamos la primera cañita del finde de muchas más que vendrían en el quisco de la plaza, que por cierto, es un lugar bastante agradable y animado.

Refrescándonos con las primeras cañas

Refrescándonos con las primeras cañas

Para cenar ese día, vimos justo en una esquina de esta plaza un mercado gastronómico de estos que están tan de moda ahora, el Time Out Market, y decidimos entrar a echar un vistazo a ver qué tal. Bueno, pues nos encantó: se trata de una nave enorme, de techo altísimo y súper amplia, reformada de manera muy moderna y agradable, con infinidad de puestos de comida y bebida de todo tipo y con muchísimo espacio para sentarse a comer o cenar en mesas corridas enormes, aunque también había mogollón de gente, así que tuvimos que dar unas cuantas vueltas hasta que encontramos un trocito de mesa con cuatro taburetes para cenar tranquilamente. Para que os hagáis una idea de la variedad de comida que había, nosotras cenamos unos trozos de pizzas variadas, unas gyozas, un pad thai y unas croquetas súper contundentes, todo ello para compartir, con una botella de vino verde, tradicional de la zona. Aparte, también había sushi, tartar, platos de embutido, puestos de cócteles… en fin, de todo un poco. No es un sitio especialmente barato (este tipo de mercados tan chics nunca lo son) y es bastante turístico, pero cenamos muy bien, es un sitio súper animado y pasamos un rato la mar de agradable. Yo lo recomendaría sin duda.

Las chicas habían investigado los garitos de rock y metal que había en la ciudad, ya que tenemos todas más o menos gustos similares, y nos dispusimos a visitar algunos de ellos esa noche. Para ello nos dirigimos al llamado Bairro Alto, que es una zona curiosa, ya que está formada de muchas callecitas estrechas y antiguas, todas ellas muy empinadas, donde hay muchísimos bares y pubs de todo tipo y un ambiente muy animado en general.

Fuimos paseando por la zona y decidimos entrar en un pub aleatorio de los cientos que había por ahí que nos llamó la atención por el fiestón que había ahí montado. Parecía algún tipo de fiesta universitaria, y allí nos pedimos unos mojitos muy ricos. Luego fuimos en busca de uno de los garitos de rock de la ciudad, el Rock & Nubbe (R. do Diário de Notícias 34) y paramos para otra toma allí. La verdad es que no nos gustó demasiado, no había nadie (literalmente) y no se lo curraron demasiado con la música (no me gustan los sitios en los que no pinchan, sino que dejan rodar un disco y punto; en este caso, uno de AC/DC, entre otros). Tal vez era un poco pronto todavía y más tarde la cosa hubiese cambiado, pero no sé, no nos convenció mucho el sitio.

Después fuimos a otro de los pubs heavies de Lisboa, el WASP Bar (), que resultó estar en la misma calle que el anterior. Aquí había algo más de ambiente y se lo curraban un poco más con la música, aunque no sonó nada mínimamente sorprendente, todo heavy muy clásico. Aun así, lo pasamos muy bien, la dueña era una tía muy maja y hasta nos invitó a unos chupitos.

En el WASP Bar, con la dueña y un espontáneo

En el WASP Bar, con la dueña y un espontáneo

A Vane le habían hablado muy bien de la zona de Cais do Sodré, la zona de nuestra parada de metro, para salir de fiesta, así que decidimos ir a ver qué tal estaba aquello, en concreto nos dirigimos a la Rua Nova do Carvalho. Y, bufff… ¡menuda fiesta había ahí!

Es una callecita toda llena de pubs y, aparte de los sitios estar llenos, la gente también está de fiesta en la calle, ya que los propios pubs tienen terrazas montadas fuera. Nosotras fuimos a uno llamado Sol e Pesca, que estaba todo decorado con artilugios pesqueros: redes, cañas, arpones, reproducciones de peces, partes de barcos, etc. Muy interesante y muy auténtica la decoración, la verdad, y lo pasamos muy bien allí. Sin embargo ya estábamos cansadas y decidimos irnos para casa para al día siguiente estar medio potables. Peeeero, al salir de este pub, vimos una pequeña cola de gente esperando para entrar en el garito de al lado, y una de ellas dijo: “¡Uy, si hay cola, este garito tiene que molar!”. Yo, normalmente, no soy nada fan de hacer colas para entrar en sitios de fiesta, va un poco en contra de mis principios, pero como la cola no era muy larga y todavía llevábamos la cerveza en la mano del garito anterior, pensé: “Bueno, la hacemos y a ver qué tal dentro”. ¡Pues resultó ser otro fiestón! ¡Jajaja! Eso parecía una especie de casa okupa antigua, con una decoración bastante extraña, pero había diferentes pisos y estaba al reventón de gente, y el DJ estaba pinchando música remember chula. Nos subimos directamente al podium, que era enorme, y ahí estuvimos bailando y pasándolo súper bien hasta que cerró la discoteca. Las que se iban para casa, ¿eh? En fin, sonaron temazos como U cant’ touch this de MC Hammer o Freed form desire de Gala, que se convirtió en la banda sonora del fin de semana porque a partir de ese momento ya no nos la pudimos sacar de la cabeza. No sé ni cómo se llamaba el sitio, sorry, pero es el sitio de al lado de Sol e Pesca. Una vez nos cerraron la discoteca, ahora sí que nos fuimos ya a dormir.

 

Día 2 – Turismo… y más fiesta

Vamos con el segundo día de este fin de semana en Lisboa: nos levantamos un poco cansadas, pero nos pegamos un desayuno de campeonas en la pastelería de al lado del apartamento y empezamos a caminar para el centro con la intención de hacer un poco de turismo, ya que el día anterior no habíamos podido ver nada más que pubs 😅

Fachadas tradicionales portuguesas cubiertas de azulejos

Fachadas tradicionales portuguesas cubiertas de azulejos

Fuimos dirección al centro por la Rua da Boavista y la Rua da Sao Paulo y nos encontramos con una de esas cosas curiosas que tiene la ciudad de Lisboa y que hay que hacer sí o sí: el Elevador da Bica, que se trata de un funicular que sube la Rua da Bica, una callejuela que une la Rua Sao Paulo y el Largo de Calhariz; se trata de una de las laderas más empinadas de la ciudad, con un 12% de inclinación. Usamos la tarjeta Zapping de nuevo para este trayecto de locura y, de este modo, llegamos de nuevo a los pies de Bairro Alto. Desde allí fuimos caminando hasta el barrio de Chiado y nos topamos con el Convento do Carmo (Largo do Carmo), que se encuentra ya en pleno centro de la ciudad.

El Convento do Carmo (entrada 4 euros) era la mayor iglesia gótica de la ciudad, quedo en ruinas debido al terremoto de Lisboa de 1755 y es uno de los principales recuerdos de este desastre que asoló la capital portuguesa. Tras el terremoto se inició su reconstrucción en estilo neogótico experimental, pero se suspendieron las obras en 1834 como resultado de la extinción de las órdenes religiosas en Portugal, quedando las naves y el transepto sin cobertura y las capillas inacabadas. Sus ruinas abiertas al cielo son uno de los mejores ejemplos del carácter renovador de Lisboa. El edificio aún conserva estructuras y elementos primitivos (S. XIV-XV), entre los que figuran las portadas sur y oeste, así como la zona de la antigua cabecera de la iglesia. Es impresionante pasear por la nave sin techo y observar cómo los arcos apuntados contrastan con el azul del cielo.

Las ruinas del Convento do Carmo albergan además el Museo Arqueológico de la ciudad (MAC). Incluye elementos integrantes del propio templo y ha ido incorporando un conjunto de piezas de gran valor histórico, arqueológico y artístico, con una cronología muy variada, que integra artefactos y obras desde la Prehistoria hasta la Edad Contemporánea. Hay diversos elementos interesantes y muy variados, desde momias peruanas del S. XVI y sarcófagos egipcios del S. V a.C., hasta el imponente monumento funerario de Doña María Ana de Austria (S. XVIII).

Se trata sin duda de una visita que vale la pena: el precio es realmente muy ajustado, es una maravilla pasear por la nave a cielo abierto y el pequeño museo arqueológico no lleva mucho tiempo de visitar y tiene elementos interesantes.



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Una vez terminamos esta visita, nos dirigimos a la Plaza de Rossio y, justo antes de llegar a la misma, nos encontramos con una tienda de lo más original y llamativa: O Mundo Fantástico da Sardinha Portuguesa (Praça de Pedro IV , 39 a 41). Es un sitio único que ha sabido darle una vuelta de tuerca al marketing para convertir un producto totalmente aburrido como una lata de sardinas (típicas de la zona) en algo súper deseable y atractivo y que la gente compra como souvenir. La tienda tiene un aspecto muy llamativo: tiene temática circense, es muy colorida, con un ambiente muy mágico… ¡parece sacada de Charlie y la fábrica de chocolate!

Solo venden latas de sardinas, cada una de un color y un diseño en función del año que lleven ilustrado en la parte frontal, y los clientes compran cada uno la lata con su año de nacimiento o el de la persona a quien le llevan el souvenir. Ya veis qué tontería más grande, ¿no? Pues es chulísimo y el que tuvo la idea… ¡a triunfar!

Hay un tiovivo, una especie de trono donde sentarte para hacerte fotos en plan reina de las sardinas (jajaja), el techo tiene toda una serie de engranajes que parece que van a poner en movimiento algún tipo de mecanismo mágico… ¡muy guay todo!

Cuando salimos de la tienda, fuimos a la Plaza de Rossio en sí, cuyo nombre oficial es Praça de Pedro IV, y que es el centro neurálgico de Lisboa desde hace varios siglos. Sus sobrios edificios de estilo pombalino están ocupados por tiendas de recuerdos, joyerías y cafeterías. En el centro se encuentra la estatua de Don Pedro IV, el primer emperador del Brasil independiente. En su base, las cuatro figuras femeninas son alegorías de la justicia, la sabiduría, la fuerza y la moderación, cualidades que se atribuyen a D. Pedro. A mediados del S. XIX, la plaza fue cubierta por mosaicos blancos y negros formando dibujos, como es típico en la capital portuguesa. Fue uno de los primeros diseños de este tipo en decorar el pavimento de la ciudad.

Desde esta bonita plaza bajamos por la Rua do Ouro hacia el río, ya que pensamos que sería agradable comer algo en la Praça de Comércio, que queda a la orilla del río. Pues bien, bajando por esta calle, a mano derecha nos encontramos con el Elevador de Santa Justa, que es un ascensor que une los barrios de la Baixa Pombalina y Chiado. Se levanta sobre la calle de Santa Justa y enlaza este céntrico paseo con la Praza do Carmo, junto al Museu Arqueológico del que he hablado antes. La construcción del ascensor comenzó en 1900, su altura es de 45 metros y la estructura es metálica, enteramente de hierro. La decoración es de estilo neogótico, con un diseño diferente en cada uno de sus niveles. La estructura ha perdido su funcionalidad práctica como medio de transporte, permaneciendo como una atracción turística lisboeta. La estación de metro Baixa – Chiado ha unido los dos barrios mediante un sistema de escaleras mecánicas que puede ser utilizado sin billete. El Elevador de Santa Justa se distingue de los demás elevadores por ser el único configurado como ascensor urbano vertical. Los otros elevadores lisboetas, el Elevador da Glória, el Elevador da Bica y el Elevador do Lavra, son en realidad funiculares, pequeños tranvías que permiten ascender y descender las pronunciadas pendientes de la ciudad.

Sin embargo, a pesar del atractivo de este elevador, nosotras no subimos, ya que había una cola bastante infernal, era la hora de comer y teníamos hambre, así que esta atracción se queda pendiente para la próxima visita a Lisboa 🙂

Llegamos por fin a la bonita y amplísima Praça do Comércio, que está rodeada de edificios oficiales y ofrece unas preciosas vistas al estuario del Tajo. Como sospechábamos, también abundan los restaurantes en esta plaza, así que elegimos una terracita que nos gustó y comimos allí. Después de comer volvimos al apartamento a descansar dando un paseo por la orilla del río. Se trata de un paseo fantástico, con chiringuitos para tomar cervecitas, puestos de helados, puestos de cócteles, etc. Todo a lo largo de la orilla hay un enorme parque verde donde la gente se puede tumbar o incluso hacer un picnic, y también hay como unas rampas de hormigón que llegan a la misma agua del río, en plan playa artificial, donde la gente se tumba a descansar y a disfrutar de las vistas que ofrece el magnífico estuario. No sé si en verano la gente llega a bañarse allí, pero desde luego está fácil para que la gente lo haga…

Después de una buena siesta y de coger fuerzas para el resto de la tarde y la segunda noche, nos dispusimos a hacer una de las actividades turísticas que no hay que perderse en Lisboa: coger el tranvía 28, para lo que, de nuevo, nos sirve la tarjeta Zapping. La ruta pasa a través de muchos de los distritos más destacados de Lisboa, como Baixa, Graça, Alfama o Estrela. Debido a la gran cantidad de subidas y bajadas que hay a lo largo de la línea, solo los clásicos tranvías originalmente puestos en circulación en los años 30 son capaces de desplazarse por las inclinadas vías. Estos tranvías, que en cualquier otra ciudad estarían en un museo, forman parte integrante de la red de transporte público local de la capital.

El recorrido es toda una aventura: para empezar, va llenísimo, así que en cada parada la gente que sale tiene que luchar por salir y la que entra tiene que luchar por entrar, lo que provoca que haya cierto movimiento dentro del vagón (nosotras empezamos apretujadísimas al lado de la conductora y acabamos también apretujadísimas pero en la parte trasera del tranvía). Por cierto, cuidado con los bolsos y los bolsillos en este tranvía en concreto. Además, el recorrido en sí es una locura: cuestas hacia arriba, cuestas hacia abajo, curvas pronunciadísimas y un tráfico de locos por toda la ciudad… y tú, mientras tanto, traqueteando en un tranvía que tiene casi un siglo de antigüedad… ¡es como una montaña rusa!

Atardecer de película, con luna incluida

Atardecer de película, con luna incluida

Bajamos del tranvía cerca del Castelo de San Jorge, que se encuentra sobre la colina más alta de la ciudad, y solo tuvimos que subir el último tramo para llegar a las murallas. Eran ya las 8 de la tarde, así que no nos hicimos ilusiones de poder entrar a visitarlo por dentro, aunque aun así queríamos verlo bien por fuera. Pues resulta que el castillo se puede visitar hasta las 9, así que no nos lo pensamos y entramos a hacer la visita (8,5 euros) y a aprovechar al máximo esa horita. ¡Y qué suerte tuvimos, porque nos encantó!

Arte urbano subiendo al castillo

Arte urbano subiendo al castillo

El Castelo de San Jorge – Monumento Nacional forma parte de la zona noble de la antigua ciudadela medieval integrada por el castillo, las ruinas del antiguo palacio real y parte de una zona residencial para las élites. De época islámica, esta fortificación, construida a mediados del S. XI, se encuentra ubicada en la zona de más difícil acceso de la cima de la colina y aprovecha las escarpas naturales al norte y al oeste. El castillo tenía como función albergar la guarnición militar y, en caso de cerco, a las élites que vivían en la alcazaba (la ciudadela). No tenía una función residencial como ocurre en los castillos de Europa. Conserva 11 torres, el acceso a las cuales y al camino de ronda o adarve se realiza a través de tres tramos de escaleras adosadas al parapeto de la muralla. En la zona del Jardín Romántico y en las terrazas se pueden ver algunos elementos arquitectónicos que formaban parte de la antigua residencia real, que quedó muy damnificada por el mismo terremoto de 1755 que destruyó el Convento do Carmo.

Todo, desde el Jardín Romántico por el que se entra, en el que la vegetación y las ruinas que he mencionado están entrelazadas, las maravillosas vistas a la ciudad desde los miradores, las murallas, las torres defensivas… repito, todo es impresionante. Hay incluso una manada de imponentes pavos reales que viven en el jardín y se suben a los árboles (y que, por cierto, hacen sonido amenazadores muy estridentes si te acercas demasiado).

Cuando terminamos la visita ya era de noche, lo cual fue una pena, porque no pudimos apreciar los detalles igual de bien, pero bueno, al menos pudimos entrar a ver el castillo, que no dábamos un duro por ello por las horas a las que llegamos. Total, que bajamos ya del castillo y, de camino, nos paramos en una terracita a tomar unas cervezas y, al final, nos animamos a cenar en ese mismo sitio.

Después de cenar, volvimos a la zona de Cais de Sodré, a la Rua Nova de Carvalho, que tanto nos había gustado el día anterior, y probamos un par de garitos diferentes. Primero fuimos a uno en plan elegante para tomar un gin tonic que estaba casi al final de esta calle de marcha, a mano derecha. Después fuimos a una champañería, llamada Espumantaria do Cais, que estaba al principio de la calle, a mano izquierda, donde había una DJ pinchando ritmos latinos/caribeños (no sabría especificar más) y donde había muchísimo ambiente.

Por último, a mí me hacía mucha ilusión ir a una discoteca electrogótica/metal que descubrí investigando sobre la marcha qué garitos guays había por Lisboa, así que fuimos en taxi hasta el Club Noir (R. da Madalena 201). La verdad es que en este garito tuvimos mala suerte con la música, porque cada semana van haciendo sesiones o eventos diferentes, y ese día tocaba una sesión llamada “INDIEpendent”, a base de música indie, new wave y post-punk, estilos que no son lo mío precisamente, y es una lástima porque mirando el resto de eventos en su página de Facebook he visto eventos tipo Gothic Metal Night, Valhöll (noche vikinga) o noche especial Sisters of Mercy, que a mí personalmente me hubiesen gustado bastante más.

Pero bueno, aun así el garito mola mucho: al entrar hay que bajar unas escaleras, así en plan grandiosas, y abajo hay una zona más de pub con mesas y sillas y la barra; desde esta zona se puede pasar a una sala independiente que es la pista de baile; y desde esta se puede acceder a otra sala separada con sofás y mesas donde tomar algo tranquilamente y la mar de cómodos. Nosotras estuvimos todo el rato en la pista de baile, y la verdad es que lo pasamos bien, y además el ambiente estaba muy animado y entretenido, ya que los asistentes eran de lo más variopinto… pero me fastidia, porque con otro tipo de sesión hubiese sido mucho más guay. ¡Grrrr! ¡A la próxima!

Al día siguiente salía el vuelo sobre la hora de comer, así que a media mañana nos pusimos ya en marcha hacia el aeropuerto y no pudimos hacer nada más interesante por la ciudad. Así que esto es lo que hicimos durante mi fin de semana en Lisboa sorpresa: creo que está bastante bien aprovechado y con un equilibrio bastante bueno entre visitas turísticas, paseos, cañitas y fiesta loca… que al fin y al cabo se trataba de una despedida de soltera, ¿eh? La verdad es que fue increíble y lo disfrutamos las cuatro muchísimo.

Aquí tenéis un vídeo que he hecho donde se ve lo bien que lo pasamos durante el finde (sobre la edición, aún estoy aprendiendo, eh? 😜)

 

La segunda parte

Como ya he comentado, esta fue la celebración de mi despedida de soltera, ¿no? Pues no os lo perdáis, que al fin de semana siguiente… ¡tuve otra! No tiene nada que ver con Lisboa, pero lo cuento también porque me apetece 😜.

Mis amigas me conocen muy bien, saben mis gustos y mis pasiones y se lo curraron muchísimo adaptando mis despedidas a mis hobbies: si mi primera despedida fue un viaje, mi segunda despedida fue… ¡un concierto! ¡Síiiii! 👏 👏 👏

Os cuento cómo fue la cosa: me dijeron que a las 8 de la mañana tenía que estar arreglada, maquillada y lista para salir y, sin saber a dónde íbamos ni qué íbamos a hacer en todo el día, me embarcaron en un bus privado que habían alquilado y pusimos rumbo a Madrid para ver un conciertazo de Ghost. ¡Qué ilusión cuando me regalaron la entrada en el bus! 😍

El concierto en el Palacio de los Deportes de Madrid fue espectacular y lo disfrutamos todas mucho, incluso las que a priori no eran demasiado fans del grupo, y la verdad es que no pudo haber un plan más perfecto para esta segunda despedida.

Aquí podéis ver un pequeño vídeo que grabé entre salto y salto de emoción:

Así que quiero agradecer públicamente a mis amigas, tanto a las de la despedida de Lisboa (Vane, Meri y Cris), como a las de la despedida de Madrid (Meri, Cris, Paula, Maribel, María José, Sara, Carla, Alicia y Vane), y a las que sé que también ha participado pero no pudieron asistir, sus esfuerzos a nivel de organización, preparación y también económico, todo con el objetivo de hacerme súper feliz. Chicas, vaya si lo consiguisteis. Os agradeceré eternamente que adaptaseis el concepto de despedida a mis gustos viajeros y metaleros, no lo olvidaré nunca… ¡mil gracias! 🖤🖤🖤

Con las chicas en Madrid, antes del concierto

Con las chicas en Madrid, antes del concierto

Volviendo a Lisboa, sé que me quedan muchas cosas pendientes de ver en la capital, así como en las afueras, que me consta que también hay cositas interesantes, así que sé que es un lugar al que tengo que volver. L@s que hayáis estado, ¿qué visitas o actividades me recomendáis para cuando lo haga? Y, con respecto a las despedidas, ¿qué os parecen los dos planes que me montaron mis amigas? ¿Habéis participado en alguna despedida, digamos, “poco convencional”? ¿Cómo os gustaría que fuese la vuestra? ¡Contadme en los comentarios!

 

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