Qué hacer en Bangkok en 5 días

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¡Hola, viajer@s!

Hoy vengo a hablaros de un súper destino turístico: Bangkok. Como sabéis, Bangkok es la capital de Tailandia, país que se encuentra en el sudeste asiático, y que es también conocido como “el país de las sonrisas”, por la amabilidad de sus gentes. Cada vez más personas están optando por visitar este país y esta ciudad, y es que no me extraña… Bangkok lo tiene todo: belleza, buena gastronomía, templos, cultura, tiendas, palacios, pubs y, como decía, también la característica amabilidad de los tailandeses. Si sois personas acostumbradas a viajar sobre todo por Europa, como nosotros, entonces Bangkok va a ser una bofetada en la cara bastante fuerte (en el buen sentido): en Bangkok todo sorprende, todo es nuevo, todo es diferente, todo llama la atención. Y esa es una sensación que, a mí, personalmente, me encanta.

Bangkok es una gran metrópolis, con más de 8 millones de habitantes, y para ser sincera, es una ciudad bastante caótica. El ritmo de la ciudad es frenético: el tráfico, el ruido, las multitudes, el clima… todo esto puede hacer que la ciudad resulte un poco abrumadora o incluso estresante. Nosotros no nos dimos cuenta de cuánto nos habíamos metido en el ritmo de la ciudad hasta que salimos de Tailandia y volamos a Kuala Lumpur, capital de Malasia, país musulmán, y mucho más tranquilo en comparación. ¡Menudo cambio! Ahí nos dimos cuenta del ritmo de locos que habíamos estado llevando en Bangkok durante 5 días, ¡pero es que la ciudad te lo contagia!

Bangkok es el centro político, económico, empresarial y cultural de Tailandia, y tiene una gran influencia sobre el resto de países del sudeste asiático.

Nosotros visitamos Bangkok en marzo de 2015 como parte de un viaje más completo por el sudeste asiático: como excusa, nuestros buenos amigos Fred y Caroline vivían en Singapur y siempre nos insistían para que fuéremos a visitarles. Pues bien, al final nos decidimos a hacer las maletas (como si nos costase…) y montamos un viaje de tres semanas por Singapur, Malasia y Tailandia. Recomendadísimos los tres destinos, y muy fácilmente combinables, pero centrémonos en el que nos ocupa hoy: qué hacer en Bangkok en 5 días.

 

Vuelos y aeropuertos

Con respecto a los vuelos para llegar al sudeste asiático, conviene llevar a cabo un seguimiento de los precios ya que, si bien cualquier vuelo de tan larga distancia desde Europa siempre va a costar bastante dinero, se pueden encontrar algunas buenas ofertas. Pienso que a nosotros no nos salió mal: Valencia – Ámsterdam / Ámsterdam – Singapur nos salió por 575 euros por persona, ida y vuelta. Además estuvo guay porque de Valencia salimos muy pronto por la mañana y el vuelo de Ámsterdam para Singapur nos salía por la noche, así que pasamos un día entero muy agradable paseando por Ámsterdam, que es una ciudad preciosa. Una vez en el sudeste asiático, los vuelos entre los diferentes países tienen precios de risa. No recuerdo exactamente, pero entre 100 y 150 euros por persona, de los cuales la mayor parte era el precio de la facturación de las dos maletacas que llevábamos. En fin, que una vez allí, no hay problema a la hora de moverse entre países a buen precio. Hay compañías low cost como AirAsia o Tiger Air que tienen muy buenas tarifas.



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Sobre los aeropuertos, en Bangkok hay dos: el aeropuerto internacional Suvarnabhumi (a 30 km de Bangkok) y el aeropuerto Don Muang (a 25 km de la capital). Nosotros llegamos a Suvarnabhumi desde Singapur y fuimos al centro de Bangkok en una combinación de transportes públicos que no recuerdo exactamente (creo que un tren regional y después cambiamos al skytrain, un sistema de metro elevado), y recuerdo todo el trayecto como un poco infernal: me resulto largo y pesado, tuvimos que ir de pie con todos los trastos que llevábamos, etc. A la vuelta, volábamos desde el otro aeropuerto, Don Muang, con destino a Kuala Lumpur, y ese trayecto lo hicimos en taxi (era muy pronto por la mañana y no había tanto tráfico como de normal; de lo contrario, igual no es tan buena idea ir en taxi, no sé…). No recuerdo precios, sorry.

 

Alojamiento

Nosotros nos alojamos en el hotel Arcadia Suites Bangkok, en la zona de Sukhumvit (parada de skytrain: Ploenchit), porque encontramos una buena oferta en Hoteles.com por reservarlo con bastante antelación: la estancia en el hotelazo con piscina y en “apartamentito” propio (dos estancias separadas, una de dormitorio y la otra de salón con cocina incorporada con lavadora, nevera, microondas, etc.) muy, pero que muy apañado, nos salió por unos 50 euros la noche. En Bangkok puedes encontrar alojamiento por mucho menos, pero por un precio así tuvimos una experiencia increíble en este hotel, del que no podemos decir absolutamente nada malo. Tenía incluso servicio de tuk-tuk gratuito propio del hotel para llevarte y traerte del hotel a la parada del skytrain más cercana, y esos 7 minutitos bajo el sol que te ahorras por trayecto os digo yo que se agradecen. Y así, además, ya has subido en tuk-tuk y no tienes que pagar por ello en otro momento para tener esa experiencia.

¡El tuk-tuk del hotel!

¡El tuk-tuk del hotel!

Como siempre os digo, recomiendo que antes de hacer una reserva directamente en el enlace del hotel, comprobéis si hay precios más bajos en los típicos buscadores de hoteles o en la página Hoteles.com, que es la que suelo utilizar yo, ya que con cada 10 noches que reserves a través de la página, tienes una noche gratis. Tengo pensado hacer un tutorial explicando con detalle cómo funciona Hoteles.com para que veáis lo práctico que es: ¡nosotros ya llevamos gastadas bastantes noches gratis a lo largo de todos estos años que llevamos travelling la vida loca! ;P



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Qué hacer en Bangkok en 5 días

Disponer solo de 5 días para ver un país es muy, muy poco, especialmente un país que tiene tanto que ofrecer como Tailandia, con sus magníficos templos repartidos por todo el país, que no es pequeño, y sus muchísimas islas paradisíacas. Así que pensamos en eso de que “el que mucho abarca, poco aprieta” y decidimos centrarnos únicamente en Bangkok y simplemente hacer una excursión de un día fuera de la ciudad.

Se nos quedaron pendientes muchas cosas, como Chiang Mai, Chiang Rai, Ayutthaya y alguna de las islas, como Ko Tao, Ko Samet o Phuket. Una pena. Pero bueno, una vez ya he lloriqueado un poco sobre lo que se me quedó en el tintero, hablemos ahora de lo que sí pude disfrutar, así que vamos a ver qué hacer en Bangkok en 5 días.

 

Día 1

Como comentaba antes, llegamos al aeropuerto de Suvarnabhumi desde Singapur y, aunque el vuelo salía pronto por la mañana, al hotel llegamos ya pasado mediodía. Dejamos los trastos y salimos disparados para una de las principales atracciones de la ciudad: Ko Ratanakosin, el antiguo distrito real. Ya que el skytrain no pasa por la zona antigua de Bangkok, únicamente por la zona comercial y de hoteles, para ir hasta allí desde Sukhumvit (una de las zonas de hoteles más habitual, donde estaba ubicado el nuestro), recomiendo coger el skytrain hasta la parada más cercana a Ko Ratanakosin, que sería Siam, y ya desde allí coger un taxi. Bangkok es un atasco continuo, así que cuanto más tramo podáis evitar ir en taxi, mejor. Y ahora que hablamos de taxis, otro consejo: antes incluso de subiros al taxi, acercaos a la ventanilla y preguntad: “Taximeter, please?”. Si os dicen que sí, subid. Si os dicen que no, pasad de ese taxista y esperad al siguiente. Si no lo acordáis así desde el principio, puede que el taxista decida no poner el taxímetro y quiera cobraros después lo que le apetezca. Y otro consejo: llevad encima siempre una tarjetita del hotel con la dirección escrita en tailandés (las tendrán en recepción) para poder enseñársela al taxista si alguna vez volvéis en taxi al hotel. Si no es así, puede que sea muy difícil entenderos.

Ko Ratanakosin (Palacio Real + Wat Phra Kaew)

Vale, sigamos. Llegamos en skytrain + taxi a Ko Ratanakosin, donde visitaremos el Palacio Real y el templo Wat Phra Kaew, y lo primero que vais a tener que hacer si no lleváis ropa adecuada es tomar prestado alguno de los sarongs y las camisas que tienen a la entrada del complejo para tapar piernas y brazos, tanto chicos como chicas. Además, tened en cuenta para luego que siempre que entréis a una sala donde haya un buda, hay que descalzarse (id fijándoos en lo que hace la gente y ya está). ¡Ah! Y otro inciso: si en los alrededores del templo o de cualquier otro lugar turístico alguna persona os indica que el Palacio Real (o la atracción que sea) está cerrado por cualquier razón, no le hagáis caso, ya que su objetivo es ofreceros otras visitas alternativas en tuk-tuk, paseos en barco u otras actividades, así que comprobad siempre por vosotros mismos lo que os digan: a nosotros nos lo dijeron varias veces en diferentes sitios y después resultó estar todo abierto…

Una vez aclarados todos estos puntos, podemos seguir hablando del recinto cerrado de Ko Ratanakosin, que es impresionante y bastante grande. La entrada cuesta unos 500 bahts (unos 13 euros). Aquí vemos algunas de las muestras más exquisitas de la arquitectura local, como el Palacio Real y el Templo del Buda Esmeralda o Wat Phra Kaew. En la zona hay avenidas bordeadas de árboles, algunas extensiones de zonas verdes y muchos edificios oficiales extremadamente llamativos. Tanto el palacio como el templo tienen una decoración fantástica: predomina el color dorado, que brilla precioso al sol, y también hay detalles en tonos rojos y verdes; veremos preciosos mosaicos geométricos y auténticos trabajos de orfebrería en las paredes y columnas; nos encontraremos con figuras de elefantes, de guerreros y de otros seres que no sé identificar demasiado bien… ¿leones, tal vez? Por supuesto, también hay reverenciadas figuras de buda. Os dejo aquí varias fotos para que lo podáis apreciar todo bien, porque es bastante difícil de describir con palabras.

Wat Pho

Una vez hayáis terminado con el complejo real, a unos 500 metros (se puede ir caminando) se encuentra el templo de Wat Pho, donde está el más que impresionante buda reclinado y también la escuela oficial de masaje tailandés. La entrada cuesta unos 200 bahts (unos 5 euros), y se trata de nuevo de un complejo amplio formado por diversos edificios tradicionales, con diferentes patios, diferentes salas, diferentes zonas, etc. El edificio principal es, por supuesto, el que alberga al buda reclinado, de 46 metros de longitud y 15 de altura, dimensiones con las que ocupa prácticamente todo el espacio del templo que lo rodea. Es realmente algo alucinante, algo que no se va a olvidar en la vida.

Cuando lo hayáis admirado como se merece, podéis continuar paseando por el complejo, visitando los diversos patios repletos de budas, hasta llegar a la escuela de masaje tailandés. Esta es una buena oportunidad de darse un masaje a un precio inmejorable: los estudiantes los dan para practicar a lo largo de su formación. Nosotros nos dimos uno de pies, que era lo que más nos dolía a estas alturas del día, después de haber caminado en chanclas durante horas por asfalto medio hirviendo. Como la zona de masajes interior estaba llena, nos llevaron a uno de los pequeños patios porticados y llenos de estatuas de buda donde había unos sillones preparados para dar los masajes. ¡Qué maravilla! Tanto el masaje de pies y piernas en sí, como el entorno inmejorable. Un masaje de estos te deja nueva, en serio, así que nos volvimos al hotel más felices que unas pascuas.

Cena y cóctel

Este primer día cenamos en un restaurante de cocina de Oriente Medio llamado Nasir Al-Masri (4/6, Soi Nana Nuea 3/1, Sukhumvit Road), a 10 minutos caminando del hotel, entre las paradas de Ploenchit y Nana. Era un lugar curioso, como una gran terraza bordeada de barandillas muy vistosas de acero inoxidable. La comida estaba muy buena y los precios eran más que aceptables, aunque como todavía íbamos un poco de pringaos, se nos olvidó preguntar si lo que pedíamos picaba. Creedme, a partir de entonces no se nos volvió a olvidar… El curry verde que veis en la foto casi nos mata, pero el resto de platos (e incluso el curry, de sabor, si obviamos que luego se convertía en fuego en tu boca) estaban buenísimos. La clientela era algo variopinta: la mayoría eran hombres, principalmente de Oriente Medio, y las pocas mujeres que había iban juntas en grupo y todas llevaban niqab o burka. Creo recordar que nosotros éramos los únicos turistas, por lo que parece que el sitio era bastante auténtico.

Cena en Nasir al Masri con el curry verde de la muerte

Cena en Nasir al Masri con el curry verde de la muerte

Después de la cena, nos dispusimos a hacer una de las actividades de moda en Bangkok, que no es otra que tomar un cóctel en uno de los muchos bares/pubs de azotea de la ciudad para poder disfrutar de las vistas que ofrece Bangkok de noche. El sitio elegido fue la coctelería The Nest (Le Fenix Hotel, 33/33 Sukhumvit Soi 11), en la azotea del hotel Le Fenix, a 10 minutos caminando del restaurante y a 20 del hotel. La verdad es que fue una experiencia agradable y relajante después de un día tan ajetreado, tomamos unos cócteles deliciosos, las vistas eran estupendas, la temperatura era más “fresca” al estar un poco en altura, el ambiente también era bueno y había hasta un dúo amenizando la velada. La azotea en sí era muy bonita, muy en plan chill-out, con muchos sofás y sillones donde sentarte bordeando el perímetro para tener buenas vistas, con plantas y decoración agradable y luz suave. De lujo, vamos.

 

Día 2

Nuestro hotel tenía un acuerdo con una agencia de viajes que organiza tours por Bangkok y nos ofrecieron un tour por la ciudad gratuito a elegir entre 4 o 5 opciones diferentes. Como teníamos pensado hacer un crucero por el río Chao Phraya, que atraviesa la ciudad, y visitar otro de los templos que está a la orilla del río, Wat Arun, y uno de los tours que ofrecían incluía estas actividades, nos decantamos por este. Qué guay, ¿no? ¡Un tour gratis! Bueno, pues sí y no: ya veremos que nada nunca es gratis del todo.

Paseo en barco por el río Chao Phraya

Nos pasaron a recoger de la empresa de los tours por el hotel y nos llevaron al embarcadero donde cogeríamos el barco de popa larga tradicional tailandés para navegar por el río. Una vez embarcamos y zarpamos, fuimos navegando por el río y por la red de canales, y fuimos viendo cientos de otros barquitos de popa larga como el nuestro, todos muy coloridos y adornados con flores en el extremo de la popa, los diversos templos y edificios interesantes por lo que íbamos pasando e incluso… ¡lagartos gigantes! ¡Horror! Algunos medían como 2 metros y los ibas viendo por las orillas de los canales tomando el solete… Menuda gracia, ¿sabes?

Lo que tampoco hacía ninguna gracia era ver la pobreza de la población cuando pasamos por alguna zona de chabolas mientras navegábamos por los canales. Gente viviendo prácticamente sin nada y en unas condiciones que daban auténtica lástima. Es duro de ver, pero en este tipo de ciudades y países conviene salir de la zona turística y de hoteles, donde todo es bonito y maravilloso, para ver cuál es la realidad, aunque no nos guste…

Templo Wat Arun

Una vez llegamos a la zona del templo Wat Arun, desembarcamos y compramos la entrada, que vale unos 50 bahts (1,5 euros, más o menos). Quedamos con el guía a una hora determinada para volver al barco y visitamos el templo por nuestra cuenta. Aquí se aplica de nuevo el tema de la vestimenta: esta vez decidí ponerme manga corta en lugar de tirantes para no tener que coger prestadas tantas prendas en el templo, pero aun así, al llevar pantalón corto, no me escapé del colorido sarong que me plantaron al entrar: claro, no es cuestión de ponerte a elegir el color que más te gusta, te pones el que te dan y punto, así que de esta guisa iba yo por la vida (para una persona que suele vestir de negro, esto es altamente irregular).

Paseamos por el precioso recinto del templo donde, aparte de una estatua del buda feliz, lo más interesante es subir una especie de torre en forma de pirámide, totalmente decorada por fuera, a la que hay que subir prácticamente trepando por la barandilla de cuerda, de lo empinada que es la escalera. Las vistas desde la parte de arriba, por supuesto, valen la pena. La lástima es que cuando lo visitamos nosotros, esta torre estaba en obras y tenía algunos andamios, pero bueno, son cosas que pasan de vez en cuando y que se escapan a nuestro control.

El “pago”

Cuando terminamos la visita al templo, que era la actividad principal del tour, llegó la hora de “pagar”, pero el pago, en vez de en dinero, fue en tiempo… ¿Qué quiere decir esto? Pues que nos subimos de nuevo al minibús y nos llevaron, así como quien no quiere la cosa, primero a una fábrica/tienda de telas de seda (producto típico del país) y luego otra de joyas y piedras preciosas. Te dicen que son buenas inversiones, que son productos de muy buena calidad y que te van a salir mucho más baratos que en tu país, y probablemente sea así. Tal vez para una persona con unos gustos diferentes a los nuestros sea una buena opción, pero yo personalmente no soy especialmente fan ni de la seda ni de la joyería clásica, así que para mí no fueron visitas demasiado interesantes y no compré nada, pero sí que tuvimos que invertir un tiempo en esas fábricas que podríamos haber dedicado a otras actividades que nos apeteciesen más, así que ese fue nuestro pago por el tour gratuito: dedicar algunas horas de nuestro precioso tiempo de vacaciones a algo que no nos interesaba; por eso comentaba antes que nada resultó ser gratis del todo al final.

MBK Shopping Center y Hard Rock Cafe

Una vez nos dejaron de nuevo en el hotel, nos arreglamos y salimos para hacer otra de las actividades más típicas de Tailandia: el shopping 🙂 . En Bangkok hay infinidad de centros comerciales, desde algunos de superlujo hasta auténticos mercadillos que, en vez de al aire libre, están dentro de un centro comercial. Como el tema del superlujo no es lo nuestro, fuimos a un sitio bastante curioso: el MBK Shopping Center (444 Phayathai Rd, Krung Thep Maha Nakhon, Pathumwan, parada del skytrain National Stadium BTS), un centro comercial donde se venden copias, imitaciones y falsificaciones de marcas buenas. Sí que hay algunas tiendas que venden productos auténticos, y la única forma de distinguirlas es por el precio de los productos. Es un buen sitio para comprar, sobre todo, camisas, polos, gafas de sol, bolsos, etc… También hay muchas tiendas de souvenirs con artesanía local, y también hay toda una planta de electrónica. Es un sitio realmente curioso al que vale la pena dedicarle unas horitas; además, está acondicionado y, creedme, se agradece de vez en cuando.

Paseando después por la zona, nos topamos con el Hard Rock Café Bangkok (424/3-6 Siam Square SOI 11, Siam Square Soi 7, Pathum Wan), a 3 minutos caminando del MBK, y decidimos parar a tomar algo. Además, había un grupito local tocando en directo, ¡estuvo guay!

Mercado nocturno del Soi 38

Para cenar, optamos por el street food en una recomendación de la Lonely Planet (que raramente nos falla): el mercado nocturno del Soi 38 (parada del skytrain Thong Lo). El mercado lo encontraréis nada más salir de la estación de Thong Lo. Se trata de un mercado callejero nocturno que ponen todos los días con muchísimas casetas de street food tradicional tailandesa: noodles, brochetas, curries, pad thai… ¡de todo! Los precios son realmente bajos: puedes cenar comida auténtica tailandesa por unos 2 euros al cambio, ¡alucinante! A nosotros nos gustó especialmente un puestecito que estaba al final de la calle principal del mercado, a mano derecha: es uno de los pocos puestos que tenían sitio interior para sentarse a cenar y lo llevaban 2 o 3 chicas tailandesas muy pequeñitas y jovencitas. La comida estaba espectacular, pudimos cenar sentados y los precios eran realmente irrisorios. Incluso cuando preguntamos a la chica si tenían un postre típico que queríamos probar (mango sticky rice), se ofreció a ir a comprárnoslo ella al puesto correspondiente y nos lo trajo… ¡más maja! 🙂 Sitio muy, pero que muy recomendable por su autenticidad, su gran ambiente y sus precios imbatibles. A nosotros nos gustó tanto que volvimos otra noche a cenar allí también.

 

Día 3

Durante el tour del día anterior, el guía nos enseñó todo el catálogo de tours que ofrecía su empresa (de pago esta vez, claro) y, como había uno que incluía exactamente las actividades que teníamos pensado hacer, lo contratamos para el día siguiente, es decir, para este Día 3. El tour incluía la visita a un santuario de elefantes, la visita al mercado flotante y la visita a la provincia de Kanchanaburi, donde está el famoso puente sobre el río Kwai. No recuerdo precios, lo siento, pero era “pagable” para ser un tour de un día completo.

Campamento de elefantes

Nuestra primera parada fue el santuario de elefantes de Damnoen Saduak. A ver cómo explico esto… Montar en elefante es una de las principales actividades turísticas de Tailandia, es algo que, a priori, atrae muchísimo y puede parecer una actividad bastante inofensiva, ¿verdad? Bien, pues reconozco que no me informé lo suficiente sobre este tema antes de ir a Tailandia y ahora me arrepiento de ello. Resulta que el entrenamiento al que se someten los elefantes para domesticarlos y para que permitan que te subas a sus espaldas es bastante brutal: se le llama “romper el espíritu”, el nombre lo dice todo. Es maltrato animal. Sin embargo, si no piensas realmente sobre ello, si no lees algo al respecto, si no has visto vídeos sobre el entrenamiento, si solo piensas “paseo en elefante”, como decía, es una actividad que suena bastante inocente. Y más si te lo venden como “visita a un santuario de elefantes”. Total, que ya no por maldad (nosotros condenamos el maltrato animal en todos los casos), sino por inconsciencia y desconocimiento, participamos en una actividad en la que, de manera directa o indirecta, estábamos “respaldando” el maltrato animal, y ahora me arrepiento de ello 🙁 Sin embargo, he aprendido la lección, y la próxima vez que se me presente la oportunidad de llevar a cabo una actividad con animales, rascaré un poco más la superficie para averiguar si esa actividad es aceptable o no. Existen algunos campamentos o santuarios reales donde se pueden llevar a cabo “actividades éticas” con los elefantes, como ayudar en las tareas diarias de su cuidado o en el baño de los animales, momento que disfrutan muchísimo. Por eso, os animo a que no cometáis el mismo error que yo y busquéis otras alternativas si queréis realizar alguna actividad con los elefantes. También por eso no voy a colgar ninguna foto de esta actividad.

Mercado flotante

Siguiendo con las actividades del tour, nuestra siguiente parada fue el mercado flotante de Damnoen Saduak. Se trata de un mercado tanto de comida como de todo tipo de souvenirs en el que hay puestecitos tanto por toda la orilla del río/canal como dentro del río, en las propias barcas. Te subes a uno de los barcos de popa larga tradicionales y van navegando por los canales, junto con cientos de otros barcos (el tráfico es impresionante), y mientras navegas lentamente, puedes ir comprando cosas en los puestecitos de la orilla o de los otros barcos que, de hecho, te “pescan” con un gancho para arrimar tu barco al suyo y, de este modo, poder llevar a cabo la transacción. ¡Muy interesante y divertido! Y, por supuesto, totalmente diferente. Además, como parte de la actividad, también sales un poco del bullicio y navegas por canales un poco más apartados atravesando plantaciones de cocos, durians y demás frutas tropicales.

Kanchanaburi – El puente sobre el río Kwai

La última actividad del tour es la visita a Kanchanaburi (a 120 km de Bangkok). Aquí hay que hablar un poco de historia: Kanchanaburi es un pueblo famoso hoy en día porque en él se encuentra el famoso puente sobre el río Kwai… sí, sí, el de la película. Este puente data de la época de la II Guerra Mundial, cuando los japoneses controlaban Tailandia y Birmania (Myanmar). Los japoneses utilizaron a los prisioneros de guerra occidentales y a los asiáticos para construir un ferrocarril entre ambos países para transportar armas, provisiones y demás. Estos prisioneros se encontraban en campos de concentración y vivían en unas condiciones muy lamentables, de ahí que a este ferrocarril se le conozca como el “ferrocarril de la muerte” (Death Railway). La película El puente sobre el río Kwai es una joya del cine clásico, más concretamente, del género bélico, donde se describen muy bien la vida y las condiciones de estos prisioneros de guerra; además, seguro que conocéis la melodía principal 🙂

Pues bien, en el pueblo de Kanchanaburi se encuentra el puente en sí, que aparte de ser bastante bonito, resulta interesantísimo por su desgraciadamente famosa y sangrienta historia. Se puede cruzar el puente del ferrocarril de la muerte a pie sin problemas, de una orilla a otra del río, donde se consiguen vistas realmente bonitas. En el pueblo también hay un par de museos sobre el ferrocarril y diversas tiendas y restaurantes a la orilla del río para el disfrute de los turistas.

Los museos en sí, el JEATH War Museum y el Death Railway Museum, están bien, son informativos y baratos (unos 50 bahts cada uno, aproximadamente 1,5 euros), pero están un poco viejos y descuidados (con sus telarañas y tal, literalmente).

Uno de los aspectos positivos de tener un buen hotel

Ese día fue una real paliza y, además, de vuelta de Kanchanaburi pillamos uno de los atascos más infernales que he tenido la desgracia de vivir, así que cuando por fin nos dejó el chófer en el hotel, estábamos reventadísimos. Habíamos visto que el hotel disponía servicio de masaje en la habitación y, como uno de los objetivos del viaje a Tailandia era darnos un masaje cada día (no lo cumplimos, por cierto: solo nos dimos 4 masajes en 5 días, dos de pies y dos masajes tailandeses completos), preguntamos precios y disponibilidad en recepción y, a la hora acordada, aparecieron dos tailandesitas minúsculas que eran nuestras masajistas. Y, ¿sabéis que? Nos dieron la paliza de nuestra vida. Los masajistas tailandeses tienen una fuerza increíble, te manejan como quieren, te hacen un nudo, te hacen crujir todas las partes del cuerpo, detectan en cuestión de segundos cuál es la parte que más te duele y se centran ahí, se te suben de pie en la espalda y hacen fuerza contra el techo para ejercer aún más presión… En fin, increíble. Ah, ¡y todo esto fue en la cama del hotel! Una de las situaciones más marcianas que he vivido, de verdad. Bueno, pues después de la “paliza” te quedas… bufff… “relajada” ni se acerca a esa sensación: te dejan el cuerpo nuevo, especialmente después de llevar todo el día para arriba y para abajo y de caminatas. Muy, muy guay, y muy, muy recomendable el masaje tailandés, no debéis dejar de daros uno (como mínimo) si visitáis el país, aunque lo que os acabo de contar dé un poco de miedo 🙂 .

 

Día 4

Chinatown

La mañana del cuarto día la dedicamos a visitar Chinatown. Ya he mencionado en algún otro post que los “chinatowns” de las ciudades me resultan bastante interesantes: son sitios muy concurridos, animados, coloridos, vistosos y curiosos.

Aparte de pasear por el barrio, el objetivo principal de visitar Chinatown era ver el templo budista Wat Traimit (entrada unos 50 bahts, aproximadamente 1,5 euros) que, curiosamente, se encuentra en pleno barrio chino. El mayor atractivo de Wat Traimit, aparte de su belleza exterior, es que alberga el Buda de Oro, que es la estatua de oro macizo más grande del mundo, con una altura de 3 metros y un peso de 5 toneladas y media.

En el templo se aplica el código de la vestimenta de nuevo y, además, hay que ir descalzos, y advierto de que el suelo de los exteriores quema muchísimo. El edificio tiene diferentes alturas con diferentes plataformas y terrazas, y vas subiendo hasta llegar a la zona cubierta del buda. Es impresionante lo resplandeciente que es… ¡y es oro macizo! La verdad, te deja con la boca abierta. Además, la estatua tiene una historia muy curiosa, aquí os dejo un enlace a la Wikipedia, donde está muy bien explicada.

Después de admirar al buda, seguimos paseando por el barrio, encantados, hasta que llegamos a la zona de Talat Mai, descrito en la Lonely Planet de forma magistral de la siguiente manera: “Con casi dos siglos de comercio, lo de Talat Mai o “Mercado Nuevo” se le ha quedado desfasado. Se trata de un estrecho callejón a cubierto y encajonado entre altos edificios, donde el frenético ambiente y las exóticas estampas y fragancias componen una experiencia sensorial surrealista”. Es que no se puede explicar mejor. Vas por allí alucinando, oliendo, mirando y, lo más curioso es que, de todo lo que ves, no eres capaz de reconocer nada. Todo es exótico, todo es diferente, todo es completamente nuevo y llamativo: todo tipo de pescados y anguilas y demás seres marinos secados al sol, frutas desconocidas, dulces extrañísimos, carnes que no sabes muy bien de qué animal proceden, aves no identificadas haciéndose a l’ast, plantas medicinales misteriosas… Recorrer ese callejón era trasladarse a otro mundo. Comimos por allí street food: bueno, bonito y barato, oiga.

Khao San Road

Khao San Road

Khao San Road

Khao San Road es la calle típica de hostales de mochileros. Aquí en teoría se puede encontrar alojamiento muy barato, aunque habría que ver de qué calidad es, y también hay que tener en cuenta que es una zona totalmente saturada de turistas, normalmente jóvenes y con ganas de marcha. Vosotr@s decidís si esto os suena bien o mal 🙂

En esta zona también encontraréis locales de comida baratos, bares y cervecerías con cervezas occidentales y, sobre todo, un mercado callejero donde podréis comprar souvenirs de todo tipo: camisetas frikis, imitaciones de camisetas de fútbol, pantalones de kick-boxing o muay thai, artesanía de todo tipo… También hay locales donde os podéis dar masajes por muy bien precio: nosotros aprovechamos y nos dimos uno de pies 🙂

A mí me gustó bastante la zona para pasar un rato y hacer cuatro compras, ya que es un sitio en el que seguro que encuentras algo interesante y baratito para llevarte de recuerdo o para llevar un detalle a amigos y familiares, así que recomendaría que os pasaseis por Khao San Road una tarde para dar una vuelta, ver el ambiente, tomaros una cerveza y comprar algún souvenir.



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Steet food y cócteles pijos – noche de contrastes

Esa noche decidimos volver al mercado nocturno del Soi 38 para cenar, además de porque nos encantó, también porque quedaba cerca (15 minutos caminando) de un pub al que queríamos ir: el Iron Fairies (55 Khlong Tan Nuea, Watthana). Se trata de un pub/coctelería/restaurante con un ambiente muy oscuro, muy industrial, casi estilo steampunk. Tanto las paredes como las mesas están cubiertas de pequeñas botellitas de cristal con purpurina, que son las hadas de las que habla el nombre del local (fairies, en inglés). El ambiente es elegante y relajado, suena jazz, también vimos música en directo y sirven cócteles buenísimos (precios occidentales: entre 10 y 15 euros al cambio, creo recordar). La decoración y el ambiente de este pub se merecen un diez… ¡hasta los baños son increíbles! Sitio muy recomendado para una copa tranquila por la noche.

Día 5

Mercado de fin de semana de Chatuchak

Chatuchak es un mercado que solo se pone en fin de semana y es uno de los mercados más grandes del mundo. Queda bastante alejado del centro de la ciudad, pero se puede llegar cómodamente en skytrain (algo más de media hora de trayecto).

Se trata de un mercado realmente enorme y es imposible recorrerlo todo. Está organizado un poco por zonas: nosotros entramos por una en la que predominaban los puestos de ropa de segunda mano, lo cual no me motivaba mucho, la verdad. También vimos zonas de productos frescos, de imitaciones de marcas, de souvenirs… También hay zonas de comida preparada para comer, bastante barato todo. Es un sitio donde puedes encontrar prácticamente de todo.

Obviamente, como os podréis imaginar, hay muchísima gente, principalmente turistas. A eso, sumadle lo enorme que es el mercado, el calor sofocante y el hecho de que sea todo al aire libre o en pequeños locales sin aire acondicionado y tendréis un bonito cóctel para una lipotimia o, como mínimo, para un agobio importante. Sinceramente, no es un sitio que me encantase y, además, tampoco compré nada porque ya había estado antes en el MKV, en el mercado flotante y en Khao San Road, donde ya compré mis souvenirs, regalitos y recuerdos. Además, si vais a Chatuchak, vais a invertir mínimo toda la mañana, ya que entre ir y venir ya perdéis más de una hora, y luego, una vez allí, es tan enorme que por poco que eches a andar y quieras ver un poco el ambiente y de qué va aquello, un par de horas más no te las quita nadie… No sé, yo opino que habiendo estado en los otros sitios de compras que he mencionado, este mercado es prescindible, pero puede que a otra persona le parezca la experiencia más maravillosa del mundo.

Últimos mimos

Después de la paliza que supuso pasar toda la mañana en el mercado, y teniendo en cuenta que al día siguiente nos íbamos ya de Tailandia, este día por la tarde decidimos pegarnos un homenaje e ir a una buena casa de masajes. En la Lonely Planet recomendaban una cadena llamada Health Land, que describían de la siguiente manera: “La fórmula de precios asequibles, tratamientos especializados e instalaciones acogedoras ha sido el germen del pequeño imperio de centros Health Land”. Suena bien, ¿verdad? Nosotros fuimos al de Sukhumvit – Asoke (55/5 Soi 21/Asoke, Th Sukhumvit) y nos dimos el masaje tailandés tradicional de 2 horas, que costaba 550 bahts (menos de 15 euros al cambio, ¡increíble!).

Efectivamente, las instalaciones son encantadoras, decoradas con gusto y muy relajantes, aparte de enormes. Los masajes se dan en pequeñas habitaciones acondicionadas con dos colchones/esterillas en el suelo donde te tumbas para el masaje. Allí tienes a tu disposición unos pijamitas para ponerte para el masaje, que son anchos y frescos, lo cual vendrá bien para la libertad de movimientos que necesitas para el masaje tailandés. Una vez estábamos listos, llegaron nuestras dos masajistas y se pusieron manos a la obra. Dos horas dan para mucho: hay momentos en los que prácticamente te duermes de la relajación que llevas y otros en los que aquello es una especie de tortura, ya que las masajistas notan en seguida qué partes del cuerpo tienes contracturadas o cargadas y se centran en esas zonas para dejártelas como nuevas, pero claro, el proceso para ello duele bastante.

Una vez terminas el masaje y sales flotando de la salita de masaje, te hacen pasar a una zona de descanso donde te sirven un té para acabar de recuperarte y, después de eso, ya te puedes ir. En general, resultó ser una experiencia totalmente satisfactoria y recomendable, con un precio para el masaje espectacular; como solemos decir Félix y yo: otro acierto de la Lonely Planet.

Ese día para cenar, nuestros cuerpos estaban ya un poco saturados de la comida tailandesa y de sabores y combinaciones nuevas, así que nos fuimos a un centro comercial a cenar pizza, jajajaja. ¡El cuerpo nos lo pedía!

Nuestro vuelo salía al día siguiente a primera hora, así que aquí terminó nuestra aventura tailandesa de 5 días.

Selfie de despedida de Bangkok... ¡oooooh!

Selfie de despedida de Bangkok… ¡oooooh!

 

Hasta aquí ha llegado este post sobre qué hacer en Bangkok en 5 días, pero si os habéis quedado con ganas de saber más sobre Tailandia, no os preocupéis, porque en breves publicaré otro post sobre este país: una guía práctica para viajar a Tailandia, con toda la información útil que necesitáis saber tanto antes de viajar a este país, para preparar el viaje, como una vez allí para evitar sorpresas desagradables y para que todo vaya como la seda. Espero que os haya resultado útil este post kilométrico sobre Bangkok pero, si aun así me he dejado algo importante por comentar, por favor, l@s que ya hayáis visitado esta ciudad ayudadme a completarlo en los comentarios con vuestras recomendaciones. Y l@s que todavía no habéis estado en este país, ¿os apetecería visitarlo? Yo lo recomiendo sin duda como destino turístico, es un país increíble. Tal vez vuelva algún día a visitar esa larga lista de cosas pendientes que he enumerado al principio, quién sabe… En tal caso, seréis l@s primer@s en saberlo 😉

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