Experiencia gastronómica en Zamora

Experiencia gastronómica en Zamora
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¡Hola, viajer@s!

Como ya os comenté en un post bastante reciente, no hace mucho Félix y yo nos embarcamos en un viaje en coche por la península… Os cuento de qué iba el plan: habíamos decidido pasar la Nochevieja con nuestros buenos amigos Vane y Jaime en Zamora, de donde es él, y para ello, habíamos quedado en encontrarnos en Madrid, donde viven, y ya partir los 4 juntos para allá. Sin embargo, para no hacer el viaje del tirón de Castellón a Zamora, que son 7 horas buenas en coche, decidimos pasar las 2 noches previas en Toledo (donde no habíamos estado nunca), ya que queda más o menos a mitad camino y a una hora escasa de Madrid, para poder encontrarnos sin problemas con nuestros amigos el día acordado. Aviso de que Toledo vale muchísimo la pena, y tenéis un post sobre la ciudad donde os cuento qué ver, dónde comer, dónde alojaros, etc., así que no os lo perdáis. A partir de ahí fuimos los 4 a la bonita ciudad de Zamora, y en este post os voy a contar la experiencia gastronómica increíble que tuvimos allí.

 

Al mal tiempo, buenos posts

¿Que por qué hago un post basado en la gastronomía en este caso? Muy sencillo: aparte de que nos pasamos básicamente todo el fin de semana comiendo y catando vinos, resulta que tuvimos muy mala suerte con el tiempo. Nos hizo bastante frío, pero con eso podemos vivir después de haber estado en Helsinki y en Laponia en plena ola de frío polar: el problema es que había muchísima niebla. Tanta, tanta, tanta niebla que no pudimos ni ver el río Duero que pasa por la ciudad. ¡No se veía, literalmente! Y el resto de monumentos y cosas chulas de la ciudad, lo vimos todo entre brumas. Entonces, sinceramente, yo no puedo decir que haya visto Zamora y, por lo tanto, no puedo hacer un post sobre qué ver en Zamora, un post enfocado a los atractivos turísticos de la ciudad, que los tiene, y muchos. No lo he podido experimentar como toca, ni tengo fotos para documentarlo. Así que lo que os puedo contar es lo que hicimos allí que, como os comentaba, fue básicamente, comer y beber 🙂 Hemos acordado con Vane y Jaime que esto no puede ser y que tenemos que volver a la ciudad a verla, así que cuando esto suceda, podré hacer un post turístico sobre ella en condiciones:) Pero hasta entonces… ¡vamos allá con este post sobre nuestra experiencia gastronómica en Zamora!

 

Visitas que valen la pena en Zamora

Vane y Jaime se encargaron de organizar las actividades del fin de semana y nos hicieron de guías, así que este post se lo debo totalmente a ellos. Como parte de los planes, reservaron visita en dos lugares muy chulos: las Queserías Chillón, con su interesante Museo del Queso, y las Bodegas Divina Proporción, con comilona incluida en la visita a la bodega. Ambos sitios están en el municipio de Toro, que se encuentra a 40 km al este de Zamora, a media horita en coche.



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Queserías Chillón

En la Quesería Chillón, en Toro, combinan la tradición con la modernidad para conseguir una excelente gama de quesos. El precio de la visita guiada es de 5 euros e incluye una buena cata de los productos al final.

La visita al Museo del Queso resultó una actividad sumamente interesante. Nos recibió un miembro de la familia Chillón, que fue el encargado de guiarnos por todo el Museo y de darnos todas las explicaciones pertinentes sobre la historia de su familia como queseros y sobre el proceso de fabricación, conservación, etc. del queso. El Museo contiene muchísimo material que se utilizaba hace décadas en la elaboración tradicional del queso: moldes o cinchos de esparto, cañadones, mantequeras… También intercala entre estos objetos otros de carácter más personal, como cartas de su abuelo (que salía a vender quesos en carro y llegaba incluso hasta Galicia) a su abuela, o prendas antiguas, como la faja larguísima que llevaban enrollada a la cintura los hombres entonces: se puede ver expuesta la del abuelo y también se puede apreciar esa misma faja en la multitud de fotos antiguas del abuelo que adornan el Museo. Por lo tanto, a lo largo de la visita se combina hábilmente la información sobre la fabricación del queso con otra información de carácter más personal, tradicional y propia de la marca familiar Chillón.

Al finalizar la visita guiada (unos 30 minutos), te reproducen un breve y poético vídeo final sobre la marca y, a partir de ahí empieza la cata. Esta consta de un pequeño surtido de quesos Chillón, que incluyen el queso al vino, el queso al pimentón, el queso curado y el queso con manteca de cerdo, otro queso más curado aún y, por último, dos auténticas delicias: las emulsiones de queso o queso para untar, una con miel y otra picante. Todo esto acompañado de una botella de vino tinto, de embutido y de unos picos (palitos de pan). Tanto el vino como los embutidos también los producen ellos.

Como curiosidad, os comento que de los quesos de Chillón se come todo. Los bordes, que normalmente se suelen dejar, también se comen, ya que es queso, no parafinas ni ceras ni ningún otro tipo de material no comestible. Aquí se aprovecha todo, lo cual es especialmente agradable en los quesos al vino, al pimentón o a la manteca de cerdo, ya que también se come la capa exterior que es la que más aromatizada e impregnada del “aderezo” está.

Una vez se finaliza tranquilamente la cata, te ofrecen la posibilidad de comprar sus productos. Nosotros al final nos decantamos por una supercaja en la que vienen cuatro cuartos de queso de las variedades que queramos (nosotros cogimos de todos menos del de vino, que fue el que más discreto nos pareció) y una latita de cada una de las emulsiones de queso. El precio de esta caja, con muchos kilos de queso, no sé cuántos, la verdad, es de 54 euros.

Una vez hubimos hecho este súper vermut en Chillón, nos dirigimos a la otra visita que teníamos programada para la mañana: la bodega, donde también comeríamos.

Divina Proporción

Las Bodegas Divina Proporción también se encuentran en Toro, así que no nos llevó demasiado tiempo llegar allá en coche.

Se entra a la bodega a través de los viñedos que, gracias a la niebla, tenían un aspecto un tanto fantasmagórico. Pasamos ya a la zona de la bodega y empezó la charla, que duró poco, unos 20 minutos o así, pero creo que ni en la universidad me he visto sometida a tal avalancha de información: el chico que hizo la visita guiada sabía claramente de lo que hablaba y en el ratito que duró el recorrido por la bodega nos contó el proceso de fabricación completo con todo lujo de detalles y a toda velocidad… ¡menudo crack! Resultó ser una visita breve pero intensa y, sin duda, interesantísima.

Bodegas Divina Proporción

Bodegas Divina Proporción

Sobre los vinos, disponen de 4 variedades, todas ellas realizadas con la misma variedad de uva, la Tinta de Toro. Os dejo a continuación la información que aparece sobre cada una de ellas en su web:

  • Encomienda de la vega 2015, 6 meses en barrica: de cepas de Tinta de Toro de al menos 20 años, ha permanecido en barricas de roble francés y americano durante seis meses para conseguir una mayor longevidad sin perder frescor y alegría.
  • 24 mozas (año 2015), 6 meses en barrica nueva, año 2015: Vino, fiesta y tradición. Con el vino ‘24 mozas’ rendimos homenaje a la ciudad de Toro y su rico folclore. Las 24 mozas protagonizan la copla ‘Tío Babú’, una canción en la que se relata la historia de una tradicional boda toresana a la que no “iban 24, iban 25 porque iba la novia”. Los históricos viñedos de la Vega de Toro y la melodía de ‘Tío Babú’ resurgen al descorchar cada botella de nuestro crianza ’24 mozas’. ¿Queréis un brindis muy especial? Os proponemos revivir el júbilo de la fiesta con sus vivos y floreados trajes típicos y alegres canciones mientras disfrutáis de una copa de ’24 mozas’.
  • Madremía 2015, 9 meses en barrica: Madremía es un vino tinto con D.O. Toro, elaborado con la variedad de uva Tinta de Toro 100% procedente de cepas de más de 40 años. Ha permanecido en barricas de roble francés y americano durante nueve meses para conseguir una mayor longevidad sin perder frescor y alegría. Fermentación en depósitos de acero inoxidable. Fermentación maloláctica en Barrica.
  • Abracadabra 2013, 14 meses en barrica nueva: Abracadabra, y la botella atrapó toda la esencia del vino. La Magia de la uva Tinta de Toro y la sabiduría de siglos elaborando vino logra el conjuro perfecto. Abracadabra, y el secreto en la copa, un vino de verdad, con el carácter del Duero, expresión equilibrada, franqueza en su aroma, amplio sabor y un brillo único en su color rojo. Abracadabra, encierra la tradición de celtíberos y romanos, la suerte de un vino de dioses, reyes y poetas. Un hechizo prodigioso para acabar con todos los males. Elaborado con la variedad autóctona Tinta de Toro 100% procedentes de cepas de 80 años con un cultivo totalmente ecológico y respetuoso con el medio ambiente, donde reina la paz y la tranquilidad en la viña, aquí se crea la fórmula mágica que se esconde en los suelos de la Denominación de Origen Toro, suelos pobres dónde la cepa tendrá que profundizar para conseguir los minerales que necesita para luego expresarse en la copa.



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Una vez terminada la charla, sin más dilación, nos indicaron que nos dirigiésemos al comedor. Nos acomodamos en el bonito salón dispuestos a zampar: se trata de un menú cerrado bastante contundente (como dijo Jaime: “Todo hierro”), acompañado por dos de los deliciosos vinos de Divina Proporción: 24 mozas y Madremía. La comida está muy buena, pero es muy difícil acabar con todo; sin embargo, nosotros casi lo conseguimos 🙂 ¡Fijáos en la foto del menú más abajo! Es bastante bestia. El precio de la visita guiada más la comida es de 20 euros por persona.

En resumen, fue una mañana muy movidita y llena de visitas interesantes, catas y compras (acabamos comprando también una caja en Divina Proporción: 2 botellas de 24 mozas, 2 de Madremía y 2 de Abracadabra por, si no me equivoco, 45 euros), pero una vez terminamos la comilona, tocó retirarse a casa a hacer una siesta legendaria.

De pinchos por Zamora

Seguimos el fin de semana gastronómico yéndonos de pinchos, cómo no. En Zamora hay diferentes zonas de pinchos con un montón de locales en cada una de ellas donde degustar las especialidades de la zona. Sin embargo, de todos los sitios en los que estuvimos, este sería mi top 5 (sin ningún orden de preferencia).

El lobo

El bar El Lobo (Calle del Horno de San Torcuato, 1) es de obligada visita para todos los que quieran probar su especialidad, los pinchos morunos, ya sean de carne, de chorizo o de panceta, hechos de manera tradicional, al carbón, acompañados de un buen tinto de la zona. Los pinchos aquí puedes pedirlos picantes o no, y es característica del bar la forma en la que el camarero pide tus pinchos a la cocina: “¡Dos que sí y uno que noooo!”, a pleno pulmón y con una voz un tanto… extraña. Resulta gracioso oír esta frase cada poco, la verdad. Los pinchos están espectaculares y los precios son baratos, así que vale la pena la visita. Por lo demás, el local es relativamente pequeño y, al menos cuando fuimos nosotros, estaba al reventón. Es un ambiente de bar clásico, de toda la vida, de batalla, vamos. Insisto: pinchitos más que recomendables.

En el Bar Lobo: primera toma de la noche

En el Bar Lobo: primera toma de la noche

El Portillo de la Traición

Tengo que averiguar a qué se debe este nombre tan rimbombante, pero lo cierto es que El Portillo de la Traición (C/ Herreros, 6) es un local de pinchos top-quality. Se trata de un local con un

Cervezas artesanales locales en El portillo de la traición

Cervezas artesanales locales en El portillo de la traición

ambiente más moderno y algo chic, con pinchos y tapas bastante elaborados e incluso de fusión. Cada semana sacan una nueva tapa de la semana, cada cual más apetitosa, por lo que he podido ver en su página de Facebook, donde las anuncian religiosamente. Yo tomé una tapa estilo japonés que venía servida en la típica caja de cartón de la comida para llevar oriental de las películas, incluía sus palillos chinos (con los que poco a poco voy cogiendo más destreza), y constaba de carne con verduritas y salsa estilo oriental: deliciosa. Los chicos probaron las mollejas y dijeron que estaban buenísimas, y Vane pidió unos croquetones impresionantes: unos de morcilla y otros de boletus. Como segunda ronda, pedí unas cañas de berenjena con salmorejo que también quitaban el hipo. Además, tenían también una cerveza artesanal local llamada Cuza que estaba buenísima y otra llamada Barrabás que tampoco estaba mal (recomendable aparcar el vino de vez en cuando y pasarse a la cerveza o al agüita, que si no…). Total, que el sitio es un triunfo: 100 % recomendado.

Café Viriato

El Café Viriato (Calle Viriato, 6) es un sitio de toda la vida y se nota. La clientela es bastante ecléctica: desde abueletes y señoras con abrigos de pieles hasta grupos de amigos treintañeros (como nosotros 😛 ). Pero al Café Viriato se va por una cosa: por sus deliciosos montaditos, algunos de ellos galardonados, que destacan por su originalidad y por lo riquísimos que están. Nosotros probamos el que creo que es más famoso: el de tarta de manzana con foie, espuma de queso y almendras caramelizadas… ¡Por favoooorrr! ¡Es que lleva todo lo bueno! Chic@s, impresionante: no podéis ir a Zamora y no probarlo, en serio.

Montaditos de tarta de manzana del Café Viriato

Montaditos de tarta de manzana del Café Viriato

La Vinacoteca

La taberna La Vinacoteca (Calle Cervantes, 5) es un sitio popular: ¡estaba hasta arriba! Aquí las tapas y pinchos también son de altísima calidad, pero más tradicionales: platos de buenos embutidos, tostas, patés, etc. Pero lo que nosotros probamos… bufff. Os cuento: la tapa se llama “Caprichos de la casa” y se trata de cuatro rollitos de cecina de vaca rellenos unos de queso y otros de paté, aderezados con aceite de oliva macerado en diferentes especias, entre las que destaca la pimienta. Bueno, bueno… ni el aceite dejamos en el plato. Además, hay que comer los rollitos en el orden en el que te los ponen en el plato para apreciar mejor todos los sabores. Pues nada, esto y un buen vino y… ¿qué más se puede pedir?

Patanegra

El Patanegra (Calle Pelayo 4) es un local un poco diferente a todos los anteriores: es más grande, con dos pisos, todo decorado en madera… bastante atractivo. Por ejemplo, en nuestro caso estuvimos sentados en taburetes en torno a un barril de vino: eso siempre mola. Las tapas aquí también son buenísimas: yo destacaría el Torito, que es la tapa ganadora del concurso de tapas de Zamora de 2013, y es un trocito de baguette rellena con carne de buey con una salsa casera, aceite de oliva con trufa y sal Maldon: rico, rico.

 

Cena de Nochevieja de lujo con los Merino

Pero es que no acaba aquí la cosa: ¡queda la traca final! Como he dicho al principio, habíamos quedado con Vane y Jaime precisamente para pasar la Nochevieja juntos, y la familia de Jaime fue tan amable de “adoptarnos” para esta ocasión que celebran en familia.



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Resumidamente, fuimos al pueblo de los padres de Jaime, Argañín de Sayago, muy cerca de la frontera con Portugal (de hecho, cruzamos hasta Miranda del Duero para ver los Arribes del Duero: ¡chulísimos!) y conocimos a toda la familia de Jaime: padres, hermanos, cuñados, tíos, primos y hasta abuelos. Nos trataron súper bien, nos acogieron como unos miembros más de la familia y nos encontramos muy a gusto con ellos. Si alguien del clan Merino me lee: ¡mil gracias! 🙂

Pues resulta que el padre de Jaime es un auténtico crack cocinando, y cada año deleita a la familia con una cena de Nochevieja de lujo, a la que este año muy amablemente nos invitaron. En las fotos podéis ver tanto el menú planeado como algunos de los platos: sin palabras.

A las chuletillas Villaroy no llegamos en la cena (si comíamos otro bocado más, reventábamos), así que fue la comida del día de Año Nuevo.

 

Así que nada, después de estos dos atracones finales y con 4 kilos más como mínimo, Félix y yo dimos por zanjada nuestra experiencia gastronómica en Zamora y volvimos ya para Castellón, para irnos directamente al gimnasio (en realidad, nos fuimos directamente al bar a tomar una cerveza, somos lo peor…). Queda pendiente la parte turística de Zamora, así que estad atent@s porque… ¡volveré!

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